31/12/11

Uno de estos dos.



¿ Cuál de ellos?  Nunca lo sabremos.  Pero esa duda no  disminuye la felicidad.                                      


  Colores Picantes  y  Detras del muro  terminan el 2011 de la mejor manera.
  A todos los que por acá pasan les debo algo que obviamente no es dinero.
  Gracias, besos y abrazos.




   





25/12/11

Violencia urbana

Un revólver, un cargador y una manopla. Eso era todo lo que tenía acumulado. Empezó temprano cuando siguió a aquél viejo que salía del cajero. Una fuerte trompada en la mandíbula y el viejo se dobló como un fósforo encendido escupiendo sangre. Una billetera y un reloj, buen comienzo. Un par de patadas en las pelotas y a seguir. Dos cuadras más o dos minutos más, una parejita. Rápido, enajenado, puso el revólver en la sien de ella. El pibe gritaba, lo calló de un golpe tremendo. Sacó lo que pudo, la manoseó y le pasó la lengua por el cuello. Pero los gritos pudieron alertar a alguien. Tenía que mejorar, se había equivocado. Parecía un principiante. Un policía en la esquina lo mira. A correr. Correr y correr, nada más. Tuvo que tirar las zapatillas robadas porque le molestaban cuando ya eran tres los canas que lo perseguían. Correr y correr. Uno de ellos estaba cerca, con agilidad se agachó dándose vuelta y le soltó un disparo certero. Uno menos, esto le sumaría puntos.Cruzó la avenida de forma peligrosa  esquivando autos y gente. Agitado, se confundió con la multitud. Tiró su gorra y su buzo colorido a un cesto. Y siguió. Ese escape fue pura adrenalina. Anochecía cuando la vio.  Una mina sola, caminando apurada con una cartera de marca y joyas a la vista. Buen blanco para terminar el día. Se le acercó, pistola en la espalda y a caminar. Ella dijo algo, el la golpeó y la empujaba hacia el parque desierto. Una a una le quitó las joyas, el celular, el reloj. Con esto se superaba. Pero algo andaba mal.......no podía dejar de mirarle las tetas. Se calentó mal. La amordazó con el pañuelo que llevaba ella en el cuello. La empujó y la hizo caer, le pegó una patada para atontarla. Le arrancó el vestido de un tirón violento y se bajó la bragueta............
-Marianitooooooo-vení que ya está la leche, querido.
-Dame diez minutos, má. Estoy por pasar de nivel en "Violencia urbana"...
-Bueno campeón, solo diez minutitos.

18/12/11

Carlito's Way

-Todos, en el fondo, somos crueles y en cierta forma culpables.-decía el flaco revolviendo el café.
Carlos Roides era un pibe servicial pero tenía algunos problemitas. Entre ellos estaba su pertenencia a la tribu urbana de los "emos". Al mes de trabajar como cadete en la oficina la obviedad del apodo y las risotadas generales eran una constante. Carlitos era  "el  Emo Roides".  Y eso para empezar. Todo el mundo le hacía pedidos imposibles, bromas típicas que cada día se hacían más sofisticadas y por lo tanto más crueles.
Su personalidad sufriente hacía que todo fuera potencialmente más agresivo. Y hasta una nimiedad lo conmovía. Nadie en la oficina parecía querer hacerse cargo de esa situación. La mediocridad requería alguien más débil para que se convierta en el festín de los otros. Tanta rutina y tanta presión solo podían sofocarse con un gordo, un torpe o ahora, un "emo".
La única que parecía sentir algo diferente era Julia, la secretaria de compras. Ella procuraba desactivar estas crueldades y consolar al pobre Carlitos. Julia, era joven y talentosa además tenía una belleza intimidante. Todo el personal estaba seducido por ella. Carlitos, doblemente, dada su condición. Con el paso de los días llegó a confundir esas actitudes protectoras de Julia  con algo más que afecto. No tardó en convertirse en su nuevo sufrimiento, esta vez de amor. Imposibilitado de confesarle sus sentimientos, la melancolía y la tristeza lo fueron invadiendo y las bromas de los otros imbéciles ni lo mosqueaban. La situación parecía estancada hasta que Carlitos cometió el error de confesarle su drama a un compañero y ese secreto íntimo recorrió toda la oficina en minutos. En pocos días la broma pesada estaba lista. Le dijeron que Julia estaba perdidamente enamorada de él y que como era tímida jamás lo daría a conocer. Un shock para Carlitos. Durante días no fue a trabajar. Estaba conmovido por la emoción y el miedo. Sufrió horrores hasta tomar la decisión de comunicarle a Julia su amor eterno.
Ese lunes rumbo al trabajo la vio en el andén del subte. El corazón le estallaba pero con firmeza se le acercó y le vomitó nervioso sus sentimientos. Ella, sorprendida y preocupada le asestó un golpe mortal con su negativa.
-Todos, en el fondo, somos crueles y en cierta forma culpables -repetía el flaco. -Pero mirá que tirarse al paso del subte delante de la mina........que flor de hijo de puta resultó este pibe, ¿no?


12/12/11

Año nuevo vida nueva.

Manejaba lentamente hacia la casa de su suegra, como queriendo no llegar nunca. Su mujer callada a su lado y atrás los chicos haciendo el kilombo de siempre. Cuando el calendario marcaba "Diciembre" la angustia se apoderaba de Francisco. El calor sumado al enloquecimiento de todos los habitantes de la ciudad que se iba potenciando a medida que se acercaban las fiestas, lo abrumaban. Las cenas obligadas o no, las despedidas en la oficina, los estúpidos balances y sobre todo su mediocridad para lograr cambiar algo de todo esto, lo sumían en un resentimiento creciente. Y ahora, la frutilla del postre. El festejo de fin de año en casa de su suegra. Otra reunión insoportable con un malón de familiares a los que veía solamente los 31 de diciembre. Familiares que no sabían nada de él y menos de la angustia que acarreaba. Lo peor era sin duda su cuñado. Ese hermano al que su mujer adoraba. El tipo la había pegado con un puesto político y "se fue para arriba" como decía su suegra. Autos importados de lujo y siempre una mina joven y llamativa a su lado. Y todos atrás de él como si quisieran comer alguna migaja de sus desechos. Ni siquiera tenía ideales y menos una orientación política definida. -Ni de izquierda ni de derecha, esas son etiquetas prehistóricas- decía con autoridad. Era su contracara. La imagen de lo que Francisco nunca sería ya sea por sus valores, o por sus prejuicios. O quizá por su incapacidad. Al llegar, todos estaban admirando su nuevo auto alemán, híbrido (ventaja inútil para este país) y a su nueva compañera. Una morocha de calendario de gomería. Su mujer empezó con las recomendaciones: que saque la cara de culo, que sea atento con su hermano, que se interese por sus cosas, que le pida una mano para conseguir un mejor trabajo, etc. etc. Respiró hondo pero era inútil. Todo transcurrió como siempre, es decir, los mismos ritos que se repetían como guiones de comedia barata. La novedad fue que su cuñado trajo una fortuna incalculable en pirotecnia y luego de las doce inició su función ante la mirada hiptonizada de la concurrencia. Algunas advertencias dio su suegra pero el maldito encendía todo tipo de fuegos artificiales hasta que finalmente por un error derivado de su propia soberbia, sumada a un exceso de alcohol, le provocó un accidente con graves quemaduras. El destino quiso que su mujer tuviera que llevarlo al hospital. Francisco manejando el "alemán", con la morocha de acompañante, debían seguirlos. La autopista estaba vacía, apretó el acelerador a fondo.
-Pelotudo, te lo digo por última vez. Ya van tres días, ¿me podés explicar qué mierda te está pasando por la cabeza?- la voz de su esposa en el celular sonaba desencajada. -Volvé con el coche y la chica esa. porque mi hermano cuando se entere te va a recagar a trompadas sino lo hago yo primero. ¿Qué es lo que estás haciendo inútil?
-¿No querías que me interese en sus cosas ? -Abrió la ventanilla, arrojó el celular, aceleró a fondo. No se olvidó de la mano en la entrepierna de la morocha.....esto de la caja automática era un sueño.

4/12/11

Si no me tienen fe...

Tomaban un café y charlaban animadamente. De pronto ella cerró los ojos, suspiró y se murió con una sonrisa dibujada en la cara. Ese era el relato que, conmocionado por la situación, les hizo a  los médicos de la ambulancia. Juan era un científico importante y la muerte de su mujer lo había envuelto en un mar de preguntas. Dos autopsias independientes y hechas por los más prestigiosos profesionales arribaron a la misma conclusión, no había causa de muerte científicamente explicable. A los pocos días Juan estaba dispuesto a entregar todas sus horas a investigar el suceso. Con sorpresa averiguó que casos similares se repetían en todo el mundo. Gente que moría repentinamente, sin causa comprobable y con una sonrisa en la boca. La situación desbordaba a la ciencia que no podía encontrar un denominador común a tantas muertes. Ricos o pobres, jóvenes o viejos, de cualquier raza o credo, aumentaban la cuenta. Ningún especialista podía esbozar una explicación. La ciencia comenzó a flaquear a la hora de encontrar una respuesta al pánico que se instalaba en la población. El caos se precipitaba. Gente en todo tipo de actividad moría súbitamente. Desde líderes políticos hasta pilotos de aviones en vuelo pasando por médicos en medio de alguna cirugía. Las muertes generaban otras muertas en una espiral aterradora. Nadie quería continuar sus rutinas, el mundo comenzaba a sentir la parálisis. Juan, al igual que muchos otros, solo esperaba su turno, frustrado y borracho.
Una reunión de los líderes espirituales de todas las religiones fue convocada en el Vaticano. Lejos de verse preocupados parecían en cierto modo satisfechos por esta posible victoria de la fe sobre la ciencia. Se encerraron juntos y oraron pidiéndole al Señor una respuesta o un "argumento convincente" para resolver la situación. La humanidad toda esperaba ansiosa el resultado del cónclave, rezando, ayunando, confesándose. Inclusive agnósticos y ateos suplicaban sollozantes, algún tipo de perdón.
Dios, visiblemente alterado, convocó a la plana mayor de los ángeles para encontrar respuesta al pedido que subía desde la Tierra. Los ángeles entraron en contradicciones pero al final uno se sinceró: -Señor, en el sindicato hay internas y los de la lista celeste están trayendo más almas que de costumbre para que los voten.
-¿Y por qué dicen en la Tierra que mueren con una sonrisa? preguntó.
- Porque estos hijos de puta  les prometen cualquier cosa.