2/9/12

El anillo azul

Llovía torrencialmente y por el color del cielo parecía que sería para siempre. Juan miraba por la ventana y no pudo evitar una sensación de tristeza. Y de tristezas sabía Juan. El recuerdo de aquel fatídico día cuando luego de varios meses de amenazas y angustias el banco ejecutó la hipoteca de la casa de sus padres. Juan con apenas trece años fue testigo sufriente del desalojo de su familia y la ruina de su padre que jamás se rehizo. El orgullo del viejo fue aniquilado y entregado al alcohol.  De su padre sólo le quedó un amargo recuerdo y un anillo azul que todavía usaba. Así creció Juan, sin padre y con odio. Con ese odio que otorga poder. Hizo del estudio una trinchera y ahí se refugió logrando todos los títulos en Economía que estaban en su camino. Doctorados en el exterior y renombre en el mundo empresario fueron llegando naturalmente.
Juan seguía mirando la lluvia desde el piso 19 de su inmensa oficina en el edificio de uno de los bancos más grandes del mundo globalizado. Ya había sido elegido Presidente de la Junta y hoy expondría ante los principales accionistas. El mundo estaba frente a otra crisis y su palabra era muy esperada. Las vueltas del destino, hoy podría dejar sentado en su discurso su pensamiento y pasar del odio silencioso a la acción. El momento esperado.
-Doctor, ya es hora- le dijo su secretaria. Juan se incorporó, tomó una carpeta y se dirigió sereno a la reunión. Entró con paso firme al salón pensando que nadie imaginaría ni una de sus palabras, miró esas caras gordas, con trajes costosos y relojes que bien podrían valer una casa. Se acomodó en un pequeño atril y apoyó su carpeta. Miró fijamente a la concurrencia y cuando se disponía a hablar sintió una rara sensación. Como si alguien se hubiera metido en su ser.
-Señores accionistas, -comenzó- el mundo se enfrenta a una crisis sin precedentes y las protestas de ciertos sectores hacen pensar que se quiere hacer pagar la misma a los bancos y no a los irresponsables que tomaron créditos que no podían pagar. ¿Somos acaso organizaciones de caridad?
De ninguna forma. Hay que impedir que los medios de comunicación se asocien a estas demandas y debemos seguir con las ejecuciones. Toda esta gente que hoy grita en las calles, en un par de años, cuando la crisis haya pasado y retorne el crecimiento, va a volver a necesitar dinero para sus pequeños proyectos. No duden que volverán a pedírselo a los bancos. A nuestro banco, que hace siglos se mantiene sólido porque no presta emociones sino dinero, porque luego no perdona sino que ejecuta.
La gente prefiere tomar cerveza, charlar con amigos y tener tiempo de ocio a trabajar más para pagar sus deudas. Así fue siempre y así seguirá siendo. La diferencia es que la gente será otra y el banco, el mismo.
Aplausos de píe fueron el colorario a sus palabras. Juan se retiró triunfante a su oficina.

-Lo felicito, Doctor, ya se comenta que estuvo brillante - lo atajó su secretaria -Si me permite una observación, le diría que ese anillo no se ajusta a su imagen.
-Es verdad, tenés razón...- respondió Juan sacándoselo y tirándolo en un cesto- no tiene que ver conmigo.

25 comentarios:

  1. Lo más triste de este cuento es que Juan tiene razón.

    ResponderEliminar
  2. No por él, porque es un amigo, pero debo decir que estoy de acuerdo con Ato.
    Tal vez el acto de quitarse el anillo sea algo más que una conducta simbólica. Probablemente haya entrada al fucking mundo real.
    Un abrazo.
    HD

    ResponderEliminar
  3. Obvio que preferimos tomar cerveza y disfrutar unos segundos de esa sensación de sentirse a gusto e inmortal. Total que mañana crepamos, el banco seguirá siendo el mismo, vendrán otros Juanes (a los que tampoco les importa un catzo el banco, sino su propio bolsillo y su bienestar) y la vida seguirá su curso.
    Se hace lo que se puede y si no se puede ... paciencia. Y que Juan(nes) haga(n) con su vida y su consciencia lo que puedan.
    besos

    ResponderEliminar
  4. Desde chico pensé en patrones que pudieran igualar al hombre, a todos, sin excepción. Sólo pude deducir la capacidad que todos poseemos para morir.
    Sin embargo, tampoco pude tomar este indicador como punto de similaridad entre todos. Algunos mueren en vida, otros siguen viviendo después de muertos.
    Eso, por lo menos, me transmitió Juan.
    Muy buena narración. Éxitos.

    ResponderEliminar
  5. Aplausos para la historia en general, y para las frases "hizo del estudio una trinchera" y "La diferencia es que la gente será otra y el banco, el mismo" en particular...
    Saludos de Tecontaretodo.

    ResponderEliminar
  6. Y vuelvo y el Sr. Daniel también vuelve!
    Te propina un martillazo an la cabeza y te deja dando vueltas como un trompo!!!
    Y me sumo a los comentarios del dúo dinámico ATO-DIB.
    La verdad no tiene remedio!
    Y ahora me voy par el Blog del Gato Ramiro! Jejeje!
    Besos para la flia!!! :)
    P/D: Empataron y está bien! así quedaron todos contentos!

    ResponderEliminar
  7. Nada nuevo bajo el cielo de las corporaciones...
    ¡Mozo! ¡¡Una cerveza para mi y mi amigo!!

    ResponderEliminar
  8. Lo verdaderamente sorprendente es que, en vez de tirar el anillo, no lo haya vendido.

    Salut, Dany.

    ResponderEliminar
  9. Faltó el grito de "¡sistema te quiero!" para redondear el cuadro.

    ResponderEliminar
  10. Es tristísimo comprobar que tus palabras no distan de la realidad que nos envuelve día a día,pero convengamos que los bancos han sabido como afanar y no así amoldarse a las circunstancias más críticas de un país,acaso.cuántos armaron sus bolsos y se retiraron con la crisis de DE LA RUA????

    P.D.:Esta bien,ellos ganan guita,pero por un momento siquiera JUAN tendría que haberse puesto en los zapatos de su padre,no para hacer patria,sino para comprender que la mayoría de las veces a uno no le alcanza una vida para saldar sus deudas,que la mayoría de las veces las contrae para no quedar en la calle y poder comer...

    Sonarán naif y boludamente infantiles mis palabras,pero no jodamos que los bancos amasan sus fortunas en base a la clase más baja!!!

    BESITOS CAPITALISTAS AL FIN ://

    ResponderEliminar
  11. "la derecha puede ser tan cruel como se lo permita la coyuntura"
    Eduardo Feinman

    ResponderEliminar
  12. Se deshizo del último lazo de nostalgia. Bien por el.
    Besotes azulgrana!!

    ResponderEliminar
  13. un final de historia tan jodido como previsible...
    ... así funcionan las cosas...
    ¿juan podría haber dicho algo distinto?
    no, desde el lugar en el que estaba, de ninguna manera...
    quizás, si su dolor se hubiera canalizado por otros caminos, la cosa podría haber sido distinta... sin hacer de ésto un juicio ético ni moral...
    cada uno hace lo que puede... que no siempre coincide con lo que uno quiere...
    un abrazo azulgrana...
    él
    me debés tu opinión sobre las elecciones en nuestro querido ciclón...

    ResponderEliminar
  14. Hay una frase que Quino pone en la boca de Manolito y que hoy podría decir tu protagonista: nadie puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás.

    Llamame loca, pero tengo más vocación de trigo que de panadera. Odioso tu personaje.

    ResponderEliminar
  15. Durísimo!...

    Pensaba en una frase que creo que es de Unamuno y que si bien está dicho con otro sentido, sirve para además comprender la subjetividad de las miradas, dice:
    "Procuremos más ser padres de nuestro porvenir, que hijos de nuestro pasado"

    ResponderEliminar
  16. dificil personaje, viva realidad, muy buen escrito!

    ResponderEliminar
  17. ¿Juan resultará un reflejo del autor?
    ¿Terminará Dany renegando de aquello que martirizó a su padre?
    ¿Ramiro será cooptado por los ruidos del coliseo vecino como castigo?

    Sólo el tiempo lo dirá.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Seguro que lo que martirizó a mi padre lo hace también conmigo pero un poco menos intensamente.
      Ramiro no será gallina por más que los goles del millonario se escuchen perfectamente en mi casa (cuando los hacen, claro).
      Por ahora con el futbol, llora. Veremos.
      Abrazo, anónimo.

      Eliminar
  18. Llegando al lugar adonde llegó Juan no podría ser de otra manera. No hay modo. Todo un símbolo quitarse el anillo, sin duda.

    Besos!!!

    ResponderEliminar
  19. Voy a dejar mi pequeña huella, la verdad que entre al blog y lo primero que me llamo la atención fue el link del blog de Ramiro.
    Asi que entre ahi, a leer todos los post. Y llego mi compañera con intenciones de raptarme y llevarme al mundo de las estructuras.
    Asi que voy a volver por la noche a leer detenidamente su relato.
    Lo felicito por Ramiro, nuevamente.

    ResponderEliminar
  20. Qué seretaria metida. Chupa medias para completar.
    Lo de Juan no se si me extraña, pero sí me sorprende.

    ¿es lo mismo acaso?

    ResponderEliminar
  21. Oh, pero no hace falta un anillo para hacerse cargo de un mandato paterno, claro.
    Muy lindo texto.

    ResponderEliminar
  22. ¡Me alegro de que te guste leer mis entradas de la Biblia!
    Y me alegro de que te guste que le tire agua en la cara a las mujeres pelotudas.

    La confesión es otro invento cristiano. Moratoria las bolas. En aquel entonces, te mandabas la cagada y eras muerto irremisiblemente.
    Te mando un abrazo.
    Gracias por pasar.
    Siempre es un gusto leerte.

    ResponderEliminar

Comenten ahora o callen para siempre