Durante un par de días que se hicieron muy largos no pudo avanzar nada. Y por las noches, la misma escena. Ella, la radio y el sexo frenético. Se sentía tan pleno como confundido. Una noche la joven se sinceró. Le habló del padre, el viejo de la recepción. Le contó del abuso a la que la sometía desde que su madre murió. Le rogó que se la llevara de ese pueblo fantasma. Estaba complicado, no veía cómo cumplir el encargo ante tanto silencio de la gente y por otra parte ella lo estaba volviendo loco. Loco de deseo. Al día siguiente decidió complacerla. Previamente le pegó un par de balazos al padre abusador y se la llevó con él. Ya vería cómo manejaba el tema del trabajo incumplido. Salieron velozmente del pueblo. Se sentía seguro y animado con la aventura. Nuevamente sonaban los Beatles.
Paró en una estación a reponer combustible, mear y comprar algo para que comieran. Cuando volvió y se sentó al volante se le heló la sangre. La chica había envejecido. Reconoció en ella a la mujer de la foto. También se recordó a sí mismo escribiendo tembloroso algo sobre una telaraña. Y esa voz gruesa, inconfundible. - "Dale imbécil, arrancá de una vez. No vamos a llegar nunca a casa si seguís pelotudeando en cada parada. Y sacá a esos Beatles de mierda de una vez, me tienen seca."


