25/4/12

El, el asesino



1-Julián estaba tirado sobre la cama  y con la mano aferrada al revólver, admirado de su templanza ante el inminente suicidio. Repasaba los hechos que lo llevaron a esta situación. Había dado la vida por su trabajo en aquella empresa. No era un dato menor. De a poco se fueron yendo, primero su mujer, luego sus hijos y finalmente su propia identidad. Y cuando solo le quedaba su dedicación al trabajo, de imprevisto, recibió aquel telegrama que hablaba de reorganización, de prescindir de sus servicios.......de matarlo en vida. Y de ahí a comprar el arma, solo instantes. Tirado sobre la cama seguía Julián admirado de su templanza ante el inminente suicidio cuando la TV encendida le devolvía una imagen conocida. La del asesor que la empresa contrató para la cruel reorganización. Un rayo fulminante  de inspiración lo conmovió provocando otro dramático giro en su rutina. En segundos se llenó de vida, miró el revólver que seguía sosteniendo en la mano y sonrió.- Si yo estoy muerto, ¿Porqué este hijo de puta va a seguir vivo?-
Saltó de la cama, subió el volumen del televisor, anotó algunos datos al dorso del mismo telegrama, escondió el revólver entre su abrigo y cargado de una adrenalina desconocida hasta hace unos minutos, puso el auto en marcha. En marcha hacia su primer asesinato.


2-La noche era fría pero limpia de modo que detuvo el auto a unos cientos de metros de la mansión. Caminó entre temblores y transpiración; toda la templanza que tenía cuando estaba a punto de suicidarse había desaparecido, el miedo ganó el espacio que dejó vacío. Apretaba el arma fuertemente, como si buscara una seguridad que no tenía. No había perros ni vigiladores, solo un farol que iluminaba la soledad y permitía ver dos siluetas cercanas a una ventana con balcón. Saltó con esfuerzo dentro del jardín y se acercó lentamente hasta que las siluetas fueron devolviendo imágenes con más precisión. La de una  mujer que parecía reclamarle algo al que iba a ser su víctima. Esperó en silencio temblando y transpirando hasta que un auto se detuvo en la puerta. Se le aceleró el corazón cuando el  ruido de unos tacos que atravesaban el jardín le parecieron clavos que se introducían en su cabeza. La mujer salió apurada y abrió la puerta del taxi que la esperaba. La luz iluminó su rostro y reflejó su belleza.- Ahora o nunca-pensó. Arrojó con fuerza una piedra hacia la ventana. En instantes el hombre apareció en el balcón. Apretó el gatillo dos veces y el cuerpo pesado cayó cerca suyo.
No pudo evitar las arcadas. Cuando se recompuso corrió hacia el coche. Lo desafiaron los ladridos de algún perro vecino. En el  regreso no pudo evitar  que se le cruzaran las emociones. Por un lado el cuerpo muerto y por el otro la cara de aquella mujer. Dos íconos de su primer  asesinato. -Esto me empieza a gustar- dijo para sí.


3-Llegó a casa con las imágenes del cuerpo sin vida  en su cabeza. Se duchó lentamente, saboreando el momento. Ya no se reconocía a sí mismo. Solo pensaba en la próxima vez. Cosas normales como descansar, comer o ver algún partido de fútbol por la TV se evaporaron de sus necesidades. Ninguno de sus músculos se relajó por lo que recurrió a esas mágicas pastillas que lo ayudaron cuando lo dejó su mujer. Cuando despertó tuvo que rearmar sus horas previas, (convengamos que no debe ser fácil para cualquier mortal despertarse luego de asesinar a alguien). Pensó en Claudia, su ex-mujer, la que le decía siempre que no tenía huevos. Para que sus planes pudieran seguir no podía paladear, por ahora, esa venganza despechada. La noticia de la muerte del consultor ocupaba a todos los portales de los diarios, los que minuciosamente leyó una y otra vez. Ningún sospechoso a excepción de la presencia de una mujer, decían. Increíblemente sonrió. Y con una determinación desconocida hasta ahora, ya que siempre fue un tipo indeciso, comenzó a preparar su próxima actividad. Otro asesinato. En verdad, tuvo que admitir que en estas épocas candidatos no faltaban; pensándolo mejor en ninguna época escasearon. No tardó. La foto de un empresario conocido por su insaciable apetito tanto en los negocios como en las comidas fue suficiente. Pero esta rapidez en la elección de la víctima fue opuesta a la lentitud con la que pudo recabar datos que le permitieran su cometido sin problemas. Pasó días sin avances importantes hasta que un chofer con cierta incontinencia verbal le abrió un camino. Un encuentro semanal con una amante en un lejano departamento de los suburbios se convertiría en su talón de Aquiles. Despejado el donde y el cuando, las necesidades normales reaparecieron en su vida. Comió y durmió como antes. Cuando llegó el día en que el gordo hijo de puta se iba a encontrar con la misteriosa amante, Julián se volvió a transformar.


4- Sereno. Tan sereno como para entrar al edificio aquel mediodía con un único plan. Tocar todos los timbres y esperar que algún desaprensivo abra la puerta desde su comodidad. Subió por la escalera hasta el segundo piso para esperar, primero, a que la amante se fuera y luego ver la manera de entrar al departamento y liquidarlo. Se sentó en la escalera con sus pensamientos, se sentía poderoso. No habían pasado ni cinco minutos cuando la puerta del departamento se abrió y salió una mujer. Se le heló la sangre. La misma mujer que tomó el taxi en ocasión de su primer asesinato abría la puerta del ascensor para luego desaparecer.  Le temblaron las piernas. Volvió a sentarse confundido hasta que se recuperó. Se dirigió por fin hacia la puerta que estaba entreabierta y entró silencioso, como un gato.
Encontró al gordo desnudo, atado a la cama, amordazado y patético. Sus ojos le pedían deseperadamnente ayuda. Dos disparos fueron su respuesta. Salió rápido y se escabulló en una pobre avenida con pretensiones de centro comercial. De regreso en casa y luego de la ducha se dejó llevar por sus interrogantes. ¿Dos asesinatos y una misma mujer? ¿ Qué cuestión incomprensible del destino los estaba uniendo?  Demasiada casualidad. Un misterio. -Un hermoso y atractivo misterio- pensó luego de recordar su figura. De una cosa estaba seguro. El placer que este cambio de rumbo en su monótona vida le estaba proporcionando no daba margen para que ninguna mujer desvíe su atención.  ¿ O sí ?



5- Julián no podía parar un minuto. Devoraba los diarios, los noticieros, los portales de internet. La confusión policial era tremenda. Se hablaba desde ajuste de cuentas hasta de un crimen pasional. Ningún sospechoso y alguna que otra relación con el crimen del consultor. Algunas fotos del cuerpo desnudo y atado en la cama daban para todo tipo de especulación. Esa sensación de vértigo y poder lo dominaba por completo. El empleado fiel de perfil bajo, echado como una rata y llevado al borde del suicidio se había convertido en un asesino sin otra emoción que la soberbia y sin otra motivacion que la venganza, al menos a la hora de gatillar. Que las noticias no comentaran nada sobre la presencia de una mujer en la escena del crimen lo intrigaba pero se habia prometido no alimentar ese asunto. Pronto volvió a sus cosas. Y sus cosas eran en estoss tiempos, asesinatos. Seguía con devoción cualquier tipo de lectura sobre asesinos seriales. Aprendía. Gozaba. Imaginaba escenas en su cabeza, se convencía a sí mismo de que podria llegar a convertirse en alguien popular. Un personaje mítico (¿un héroe?) que resolvía lo que otros no se animaban a resolver. El asesino vengador de los silenciosos inocentes.  En esos pensamientos estaba cuando vió la noticia de la absolución de un obispo acusado  por cargos de pedofilia. Con una seguridad pasmosa habia identificado al próximo cadáver.


6- En este caso no pudo encontrar datos que lo lleven a armar algún plan. Comenzó a ponerse nervioso, las cosas parecían complicarse. Del segundo asesinato mencionaban además de los dos disparos, un fuerte golpe en la cabeza. Otro misterio. No le quedó otra que comenzar un seguimiento para encontrar el modo. Luego de varios días de rigurosa vida eclesiática, el obispo subió a su auto una noche sin la presencia del chofer. El corazón se le aceleró. Lo siguió hasta las afueras de la ciudad y finalmente se detuvo en un descampado. Esta era su oportundidad y no la iba a desaprovechar. Julián se colocó un pasamontañas y comenzó a caminar hacia donde estaba el pedófilo. De pronto y desde la nada un tercer auto apareció y se colocó a la par del flamante importado que la Iglesia otorga a sus jefes terrenales. No cabía en su mente la idea de testigos, ni daños colaterales. Se agazapó detrás de unos arbustos. Una mujer bajó y se introdujo junto al obispo. No había rastros de nadie más por las cercanías. Decidió jugársela a pesar del riesgo. Corrió alocadamente y abrió la puerta del auto . Se encontró con un cuadro impensado. La mujer, que le hacía sexo oral al obispo, se dio vuelta para mirarlo. Otra vez, la misma mujer. Durante unos segundos que parecieron eternos ninguno atinó a nada. Confundiéndolo con un delincuente común, la mujer le entregó un maletín. Sofocado por la situación, tomó el maletín, gatilló dos veces, se dió vuelta y corrió. Corrió hacia al auto muerto de miedo. Arrancó el motor como pudo y se alejó a toda velocidad. Dos horas después estaba en su casa. Un whisky en una mano. Con la otra acariciaba cien mil dólares, el contenido del maletín.- Hora de tomarse unas vacaciones- pensó.


Continuará en unos días......














18/4/12

Daño colateral

Desde aquella tarde en que abrió el sobre y vio la foto de su marido cogiendo con su amiga nada fue igual para Mabel. Todo su castillo, mediocre, pero castillo al fin, se derrumbó. Y el príncipe azul dejó de serlo para convertirse en el enemigo. Por los chicos (siempre por los chicos) se calló y siguió fingiendo que estaba en el mejor de los mundos. Logró engañar a todos a costa de ella misma. A solas se desangraba lentamente carcomida por el odio y los celos. Luego se incorporaba e iba al supermercado o a la peluquería como si nada. Aguantó lo que pudo. Se sabe que una vez que uno es despojado de todo lo que creía tener, los razonamientos suelen flaquear y las pasiones llevan al punto en que todo da lo mismo. Mabel llegó a ese punto ciego donde morir o matar le daba igual.
Planificó la muerte del enemigo durante largas jornadas. Se hizo de una vieja pistola que su padre guardaba en un viejo cuartito del jardín, el mismo donde Mabel soñó en su infancia con una vida de princesa. La ansiedad era insostenible, tenía que resolverlo y poner fin a su agonía y comenzar otra distinta.
Esa tarde calurosa sentada en el sofá con el arma en la mano podía sentir los gritos de felicidad de los chicos que jugaban en la plaza. Se adormecía de a ratos tratando de evitar pensar que esa noche llevaría a cabo su venganza. Y fue en esos despertares sobresaltados cuando un disparó se escapó del arma.

El agente de policía se sentía importante declarando a los medios televisivos -"En circunstancias aún no determinadas y producto de lo que los peritos forenses dictaminarán, un N.N. masculino de aproximadamente 35, 40 años fue muerto por un disparo que previamente impactó rebotando en un disco compacto del músico Andrés Calamaro de aparente propiedad del occiso quien volvía, según testigos presenciales, de pagar algunos impuestos en la sucursal bancaria sita en la intersección de las calles........."

Esa noche Mabel y su marido cenaban sin mirarse. El susto por el disparo accidental había suspendido la venganza. -No por mucho tiempo-pensó ella.



                                             AVISO PARROQUIAL

Este el último relato. Decidí que todos los que hasta aquí fueron publicados en este blog formen parte de un libro. Luego ¿quién sabe lo que vendrá? A los fieles que me acompañan y estimulan  los voy a entretener ( supongo) publicando la pseudo-novela que dió comienzo a mis escritos en este espacio. A diferencia de la otra vez ahora juntaré varios capítulos y los iré subiendo absolutamente remasterizados. No es una despedida en absoluto, es sólo el primer acto. Gracias!

12/4/12

Rebelión en la granja.

¡Hola! Mi nombre no viene al caso pero quiero que pierdan un par de minutos y escuchen lo que tengo para decir, saquen sus conclusiones y si está a su alcance, me ayuden. Soy un personaje. Sí, un personaje para un futuro relato. Y viendo la suerte de los personajes que aparecen por acá les confieso que estoy muerto de miedo. Cagado en las patas, para ser más preciso. Soy uno de tantos que están atrapados en este blog esperando que un relato los haga salir. Comparto esto con una cantidad increíble de personajes a los que sin lugar a dudas uno mataría de poder hacerlo. Pero no es justo y no sé hasta qué punto es delito.
Lo cierto es que en cualquier momento me toca a mí. He visto cómo muchos mueren asesinados o suicidados previa tortura psicológica. Me estremece esa posibilidad. Recuerdo aquél que se suicidó para no trabajar más en la casa de sepelios familiar (patético) o el otro que estaba condenado a vivir todos los días una vida distinta (ese fue particularmente terrorífico). Hice un prolijo relevamiento para ver cuántos relatos tenían finales felices. Demoledor, solo un par. No puedo más con esta angustia. Hasta hace una semana tomaba mate con Guillermo, sí, el del relato anterior, y luego el tipo lo saca y lo hace violar por un par de africanos. Mierda que me golpeó.
Y el punto en donde quiero que uds. se concentren es precisamente que yo soy un tipo normal. Absolutamente normal. No tengo ganas de cambiar nada de mi vida. Estoy cómodo con mi trabajo, mi familia, mis amigos y además soy hincha del Barcelona. No quiero perder nada de eso.  No quiero hacer un click, ni salir a vivir aventuras, ni viajar al pasado o al futuro, ni coger con Araceli González, ni aplicar justicia propia o divina. No quiero encontrarme con el diablo, tampoco con Dios. Tengo mi rutina, claro, pero no me quejo. Nunca me quejo de nada. Me banco lo que me toca siempre. Soy feliz, pago todos mis impuestos. Bueno, casi todos. No vaya a ser que se le ocurra matarme por pelotudo. Porque la cosa es así. A lo mejor porque me gusta Calamaro o me ví todos los capítulos de Padre Coraje este loco se calienta conmigo y me hace matar. Porque es un reventado. Dicen que va en el subte o en el auto manejando y observando a los demás. Y vuelve a casa como un loco dispuesto a sacar a un personaje y hacerle de todo. Insisto, no quiero aburrirlos pero no quiero morir. Que no me venga con ese asunto de la mediocridad, que la vida se escurre, que no la vivimos como se merece,  ni toda esa jerga filosófica a la que es tan afecto. Es un jodido, es un hijo de puta. Pero la posibilidad de terminar de manera trágica me está dando ideas. Le encontré algunos puntos débiles. Es él o yo.


6/4/12

Un click en la cabeza

Guillermo podía considerarse como uno de esos tipos a los que la vida los besa en la boca. A los cuarenta y cinco era un sólido profesional casado con una hermosa mujer y padre de dos hijos ejemplares. Sus padres y sus suegros estaban vivos y hasta tenía una abuela a punto de cumplir los cien. Una hermosa casa, dos autos, un buen trabajo, algunos ahorros y el afecto de muchísimos amigos. Todavía jugaba al fútbol cinco con sus vecinos de la infancia en una canchita de Sarandí. Vacaciones en Brasil todos los eneros y alguna escapada en invierno. Su equipo de fútbol salía campeón bastante seguido. Una vida envidiable por el noventa y cinco por ciento de la humanidad.
Aquel sábado fueron al cine con una pareja amiga a ver una de esas películas premiadas en todos los festivales. Cine noruego de primera, le dijeron. Aunque él prefería ver alguna comedia romántica con Sandra Bullock o una de acción con Bruce Willis. Larga, lenta, a veces inentendible, la película despertaba algunos bostezos de su mujer y de sus amigos. Pero a Guillermo lo mantenía atento. Una historia de un hombre que escalaba una montaña en África con esfuerzo sobrehumano ya que le faltaba una pierna producto de una aventura con cocodrilos en Australia y había perdido un ojo en la selva de Camboya. Una epopeya, sin duda, que finalizaba con el tipo en la cima y unas imágenes impactantes de la vista desde ese privilegiado lugar. El tipo lloraba de felicidad, de un solo ojo, obviamente. Algo hizo click en la cabeza de Guillermo. Ya en la cena posterior se mostró poco comunicativo y absorto, algo raro en él. De vuelta en casa no quiso sexo y no pudo dormir en toda la noche. Su vida, toda su vida, se vino abajo, se desplomó.
Entendió que a los cuarenta y cinco y con tanto tiempo por delante era hora de cambiar, de patear el tablero. Vivir emociones intensas. Hacer y probar cosas distintas. Tomar riesgo, aventurarse. Su aspecto pulcro comenzó a cambiar y cada día trabajaba menos. Hasta que un buen día anunció que se iba al Africa a escalar aquella bendita montaña para que lo hiciera sentir tan pleno como al protagonista de la película. Y se fue, contrariando a todo su entorno.
Guillermo se las arregló en ese continente peligroso para llegar al pie de la montaña y contratar a un par de guías, dos fornidos negros que hablaban perfectamente inglés. Luego de una semana de esfuerzos, cerca de la noche llegaron al punto para el ascenso final. Pernoctaron. Lo que siguió fue duro. Especialmente para Guillermo porque los negros desaparecieron luego de robarle todo. También lo violaron. Fue rescatado en estado comatoso.
Volvió a su vida de toda la vida. Su increíble esposa lo ayudó a insertarse nuevamente en su hábitat. Pero las cosas no fueron iguales. Su abuela murió a los pocos meses y su equipo descendió de categoría. Sus hijos comenzaron a tener problemas y su esposa a tomar pastillas para no engordar. La cancha de fútbol cinco cerró. Pese a todo, Guillermo nunca dejó de hablar de la maravillosa vista que disfrutó desde la cima de aquella montaña africana.