Eugenia estaba preocupada. No era para menos, estaba cerca de cumplir los 25 y aún no tenía nada decidido. Ud. se preguntará, con razón, qué es lo que alguien tiene que decidir sí o sí antes de los 25. Le cuento. Eugenia vivía en el año 2074 y en esos tiempos los humanos cuando llegaban a esa edad debía encargar un androide para que los acompañe toda la vida. -¿Queeeeeé cosa?- me deben estar gritando.
Lo cierto es que las parejas humanas desde hacía años ya no funcionaban. Eran tantas las exigencias que ambos géneros se hacían mutuamente que ninguna relación era duradera. Ya nadie vivía en pareja. Y no piensen que este relato va a caer en el golpe bajo de la novela de Orwell, 1984, donde el amor tenía su espacio y lugar. No. Les juro que no. El mundo se puso así de jodido.
Entonces fue cuando una empresa japonesa (cuándo no) diseñó un modelo de androide, de cualquier género, que podía convertirse perfectamente en la pareja ideal. Podía pedirse a satisfacción con todas las características requeridas. Fue tal la demanda y tal la conmoción que a nivel mundial se dispuso que solo a partir de los 25 años se debería formalizar el pedido del androide deseado. Hasta esa edad las relaciones entre humanos servían solo como una práctica hacia una relación "para toda la vida" con el alma gemela sintética. Imaginen la posibilidad de pedir cualquier cosa. ¿Increíble, no? Tamaños, medidas, virtudes, condiciones, gustos, colores de piel, nivel cultural, destreza física o potencia sexual. Cada uno armaba su ensalada con la mezcla de ingredientes deseados.
Los que registraban los pedidos no dejaban de sorprenderse: Que sea alto, delgado, con un pene de 17 cm, astuto y que le guste la ópera y el tejido a mano o que sea tetona, bien puta, católica, fanática de la NBA y ciega. Un lujo. No me olvidé de los hijos. Eran programados y todos por fecundación in vitro.
Me entusiasmé tanto imaginando qué androide pediría yo que me olvidé de Eugenia.
Les cuento rápido. Al final se decidió por un blanco caucásico de 1,80 de altura, profesional, exitoso, musculoso, atlético, de gustos refinados, hedonista, culto, atento, moderno, ateo, excelente cocinero, viajero incansable,
Murió de aburrimiento a los 89 años con su androide al lado. -Que no sea puto, me olvidé de pedir- fueron sus últimas palabras.
Hace unos años cayó la pared. Y ahí, desnudo me vi de pronto. Y tuve que volver a empezar. Y aquí estoy...
20/6/12
Una nueva civilización
La puerta reloj se abrió y comenzó su lenta recuperación con un par de vómitos y algún que otro temblor. Claudia estaba preparada y ni bien salió de la cápsula donde hibernó en los dos años que duró el viaje espacial, se dedicó a hidratarse. Si todo había funcionado como estaba programado estaría en la superficie del planeta CASLA-1968. El mismo que la raza humana había identificado en el año 2099 antes del gran estallido. Un planeta que replicaba las mismas condiciones para la vida que la Tierra.
Ella estaba dentro de un grupo de doscientos jóvenes que habían sido elegidos para abandonar la Tierra. Una nueva civilización comenzaría a años luz de la que se estaba extinguiendo. En la Tierra ya nadie podía comprar dólares y la gente se mataba en las calles por la falta de hamburguesas. La prohibición del fútbol fue decididamente un error en esas circunstancias. La religión ya no contenía a nadie y desde la muerte de Claudio María Domínguez no había líderes espirituales de peso.
Estiró las piernas y abrió las compuertas luego de comprobar la atmósfera. El aire fresco llegó a sus sentidos, descendió maravillada. Dos soles entibiaban el ambiente. A poca distancia un mar turquesa se ofrecía tentador. No lo dudó un instante. Corriendo y desnudándose al mismo tiempo con gritos de felicidad se sumergió en el agua tibia inundándose de placer. Nadó un buen rato bajo el cielo luminoso y luego se recostó en la arena blanca, no podía estar más agradecida al destino. Calculaba que pronto llegarían las otras naves y sus compañeros para una vida nueva. La ansiedad de conocer al hombre predestinado por las computadoras para ser su pareja la devoraba. Con esos pensamientos se durmió.
Unos gritos la despertaron. Luego de un fuerte tirón en sus cabellos sintió cómo era arrastrada con violencia hasta la nave, el hombre corpulento siguió a los gritos. -Pero la puta madre que te parió, toda la nave hecha un asco y vos pelotudeando en la playa con todo lo que tenés que hacer. Tengo un hambre del carajo y no hay una mierda que no esté congelada. Yo sabía que si me tocaba una científica la iba a pasar mal en este planeta de mierda-.
Ella estaba dentro de un grupo de doscientos jóvenes que habían sido elegidos para abandonar la Tierra. Una nueva civilización comenzaría a años luz de la que se estaba extinguiendo. En la Tierra ya nadie podía comprar dólares y la gente se mataba en las calles por la falta de hamburguesas. La prohibición del fútbol fue decididamente un error en esas circunstancias. La religión ya no contenía a nadie y desde la muerte de Claudio María Domínguez no había líderes espirituales de peso.
Estiró las piernas y abrió las compuertas luego de comprobar la atmósfera. El aire fresco llegó a sus sentidos, descendió maravillada. Dos soles entibiaban el ambiente. A poca distancia un mar turquesa se ofrecía tentador. No lo dudó un instante. Corriendo y desnudándose al mismo tiempo con gritos de felicidad se sumergió en el agua tibia inundándose de placer. Nadó un buen rato bajo el cielo luminoso y luego se recostó en la arena blanca, no podía estar más agradecida al destino. Calculaba que pronto llegarían las otras naves y sus compañeros para una vida nueva. La ansiedad de conocer al hombre predestinado por las computadoras para ser su pareja la devoraba. Con esos pensamientos se durmió.
Unos gritos la despertaron. Luego de un fuerte tirón en sus cabellos sintió cómo era arrastrada con violencia hasta la nave, el hombre corpulento siguió a los gritos. -Pero la puta madre que te parió, toda la nave hecha un asco y vos pelotudeando en la playa con todo lo que tenés que hacer. Tengo un hambre del carajo y no hay una mierda que no esté congelada. Yo sabía que si me tocaba una científica la iba a pasar mal en este planeta de mierda-.
13/6/12
Cuidado con el lobo
A pesar de que sus padres eran absolutamente escépticos, el ser el séptimo hijo varón a Pablo siempre le ocasionó innumerables problemas psicológicos. Ni siquiera fue ahijado de ningún presidente como manda el decreto. Claro que viendo el desempeño de algunos presidentes esta situación puede ser considerada un alivio. Su adolescencia transcurrió entre la angustia y el insomnio porque de algún modo entendía que tarde o temprano y de acuerdo a la leyenda, se convertiría en lobizón. Estaba convencido de que una parte suya, densa y oscura, se ocultaba detrás de su bondadosa cotidianeidad. Ni hablar de su ansiedad en las noches de luna llena. Concluía que todo ser está formado por la contradicción entre dos fuerzas y que, generalmente la esencia de la maldad se ocultaba por las reglas morales y la hipocresía. Leía todo lo relacionado con las leyendas de los hombres-lobo y también repasaba la historia del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde. Esperaba una transformación. La esperaba de tal forma que fue condicionando su vida. Al oscurecer, se encerraba en su cuarto, se desnudaba y dejaba transcurrir el tiempo hasta el amanecer. Ese amanecer que lo encontraba como siempre, despierto y sin ningún cambio.
Pero todo cambió cuando aquel viejo libro llegó a sus manos. En él se describía que los procesos de transformación ocurrían en un mayor número de casos cuando se cumplía la mayoría de edad. Por eso el día que cumplió los dieciocho huyó de su casa dejando plantada a su numerosa familia y se fue al campo. Era una noche fría de Setiembre con una luna blanca e inmnesa. Se sentó en medio de la nada y se desnudó. La sangre le estallaba por dentro, su imaginación lo catapultaba a verse como un inmenso lobo aullando en la llanura, sembrando el miedo. Su piel comenzó a resquebrajarse y sus rasgos comenzaron con la transformación. Al fin su lado oscuro, su mitad de maldad, aflorarían a la superficie. El extraño deseo de dejar su costado bueno y convertirse en un violento depredador.
Al amanecer despertó, le costaba mover su ahora voluminoso cuerpo. Se estremeció con la idea de la falta de agua. Al final su lado oscuro emergente alcanzó para transformarlo en lobo.
Un enorme y torpe lobo marino.
Pero todo cambió cuando aquel viejo libro llegó a sus manos. En él se describía que los procesos de transformación ocurrían en un mayor número de casos cuando se cumplía la mayoría de edad. Por eso el día que cumplió los dieciocho huyó de su casa dejando plantada a su numerosa familia y se fue al campo. Era una noche fría de Setiembre con una luna blanca e inmnesa. Se sentó en medio de la nada y se desnudó. La sangre le estallaba por dentro, su imaginación lo catapultaba a verse como un inmenso lobo aullando en la llanura, sembrando el miedo. Su piel comenzó a resquebrajarse y sus rasgos comenzaron con la transformación. Al fin su lado oscuro, su mitad de maldad, aflorarían a la superficie. El extraño deseo de dejar su costado bueno y convertirse en un violento depredador.
Al amanecer despertó, le costaba mover su ahora voluminoso cuerpo. Se estremeció con la idea de la falta de agua. Al final su lado oscuro emergente alcanzó para transformarlo en lobo.
Un enorme y torpe lobo marino.
2/6/12
La pastilla de Dios
Ciencia o fe. Una eterna discusión con acalorados militantes de uno y otro lado. Para Angélica no era un problema. Científica ampliamente valorada en el mundo por sus aportes y católica practicante reunía en su ser una atrapante simbiosis. Ella atribuía sus cuantiosos descubrimientos científicos a la ayuda de Dios quien, de esa manera, intervenía para mejorar la calidad de vida de sus criaturas. Y lo hacía a través de ella y su ciencia. El círculo cerraba perfectamente. Angélica se dedicaba con pasión a sabiendas de que reunía todas las condiciones necesarias para lograr sortear cualquier desafío.
Sus últimas investigaciones y, por las que más rezaba a Dios, estaban relacionadas con la posibilidad de crear una pastilla que permitiera evitar los actos desastrosos que provocaban las emociones violentas. Pero como justamente las emociones violentas eran exabruptos a veces impredecibles, la idea de la investigación pasaba por intervenir en el espacio-tiempo para permitir una evaluación previa. En otras palabras, una pastilla que tomada luego de un hecho de esas características permitiera volver el tiempo atrás para enfrentar nuevamente la situación en un estado de conciencia más reflexivo. Por si todavía no se entiende: "te mandás una cagada, tomás la pastilla, todo vuelve atrás, no te mandás la cagada". Esto que a cualquier científico le parecería una utopía, para Angélica y su fe en Dios, era posible. -Hay lugares en donde aún la ciencia no cruza los límites, ahí es cuando la fe nos ofrece un puente- solía decir.
Y finalmente lo logró. Y fue una revolución. Cada hecho de violencia física o psicológica era reparado mediante el consumo de esas pastillas. El índice de crímenes y disputas violentas se desplomaba continuamente. Las personas usaban la pastilla hasta para evitar las palabras que brotaban en sus impulsos y corregirlas con otras más suaves. Un éxito que para Angélica tenía las condiciones de un milagro científico, combinando estas dos palabras de modo maravilloso.
Cuando Angélica regresó anticipadamente de un Congreso donde fue ovacionada encontró a su marido cogiendo frenéticamente con su asistente de laboratorio, una bellísima joven cubana. -¡¡¡Hijo de remil putas.....negra de mierda!!!-gritó indignada. Abriendo un cajón del armario sacó un revólver y les pegó dos tiros a cada uno. Con las pulsaciones desbordadas tomó una de las pastillas y la situación volvió al minuto previo. -Perdón por lo de negra, fue un exabrupto- dijo, y volvió a disparar.
Sus últimas investigaciones y, por las que más rezaba a Dios, estaban relacionadas con la posibilidad de crear una pastilla que permitiera evitar los actos desastrosos que provocaban las emociones violentas. Pero como justamente las emociones violentas eran exabruptos a veces impredecibles, la idea de la investigación pasaba por intervenir en el espacio-tiempo para permitir una evaluación previa. En otras palabras, una pastilla que tomada luego de un hecho de esas características permitiera volver el tiempo atrás para enfrentar nuevamente la situación en un estado de conciencia más reflexivo. Por si todavía no se entiende: "te mandás una cagada, tomás la pastilla, todo vuelve atrás, no te mandás la cagada". Esto que a cualquier científico le parecería una utopía, para Angélica y su fe en Dios, era posible. -Hay lugares en donde aún la ciencia no cruza los límites, ahí es cuando la fe nos ofrece un puente- solía decir.
Y finalmente lo logró. Y fue una revolución. Cada hecho de violencia física o psicológica era reparado mediante el consumo de esas pastillas. El índice de crímenes y disputas violentas se desplomaba continuamente. Las personas usaban la pastilla hasta para evitar las palabras que brotaban en sus impulsos y corregirlas con otras más suaves. Un éxito que para Angélica tenía las condiciones de un milagro científico, combinando estas dos palabras de modo maravilloso.
Cuando Angélica regresó anticipadamente de un Congreso donde fue ovacionada encontró a su marido cogiendo frenéticamente con su asistente de laboratorio, una bellísima joven cubana. -¡¡¡Hijo de remil putas.....negra de mierda!!!-gritó indignada. Abriendo un cajón del armario sacó un revólver y les pegó dos tiros a cada uno. Con las pulsaciones desbordadas tomó una de las pastillas y la situación volvió al minuto previo. -Perdón por lo de negra, fue un exabrupto- dijo, y volvió a disparar.
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