28/5/12

Pelotudo Importante.

Es así, un título fuerte, garpa. Si le ponés a tu entrada "Andate a la puta madre que te parió" vas a tener más visitas que si se titula "Análisis de cuentas en la contabilidad moderna". No falla. E inclusive años después seguirán cayendo incautos buscando guarangadas en google. De manual. Listo, ya cayó la gente, ahora viene lo difícil y es que te comenten después de decepcionarse con el escaso aporte de lo que escribís. ¿Querés que te comenten? ......desafialos. Poné al final una pregunta que los obligue a dejar un comentario......una experiencia. Eso tampoco falla. Todos quieren contar algo que les pasó, ser protagonistas en otro espacio que no sea el suyo. "A mi también me pasa", escriben plenos de dicha. Vos sabés que algunos de fierro te comentan siempre, a esos no tenés que motivarlos. Ven luz y se suben. Buena gente. Tenés que hacer que comenten los silenciosos, esos que siempre leen y no se animan a comentar. No es fácil. Si los provocás pueden huir......son frágiles o tímidos. Quieren, pero no cruzan el límite. Algunos recurren al anonimato porque no se aguantan tanta presión. Pero la mayoría pasa inadvertida. Es más, una entrada con muchos comentarios atrae a otros comentaristas. Se pueden camuflar entre el palabrerío y las contestaciones. Eso sí, contestá todos los comentarios.......eso abulta y se agradece del otro lado. Piensan que uno los escucha......se reconfortan y hasta vuelven a recomentar.  Pero no los espantes con las respuestas como hacen algunos.
La entrada debe ser corta y potente y entendible hasta por un admirador de Calamaro. No te pases de rosca con cuestiones complicadas. Poné algo futbolístico con cargadas incluídas para generar el comentario de la mayoría de los hombres y sorpresivamente de varias mujeres. Pero no te olvides nunca de poner alguna alusión a las diferencias de género entre hombres y mujeres porque eso sale con fritas y te vienen a comentar desde la Antártida. Ahora, para cerrar ( y para aumentar el número de comentarios) hacé un comentario poniendo tu podio de "pelotudos importantes", sin incluir políticos ni otros blogueros porque se va armar un bardo que solo va a generar más comentarios, aunque pensándolo bien, eso suma.

20/5/12

Hay otra vida


Tomás estaba con la mirada perdida en dirección a la pared medianera. Con su mano jugaba con el revólver al estilo de un western de baja calidad. La escena la completaban sus oídos que tenían un protector auditivo. Un plato de fideos y un vaso de agua esperaban por un comensal inapetente. Solo le restaba incorporarse y cumplir con su tarea.
Recordaba su felicidad al mudarse al nuevo complejo de departamentos bien cerca del parque donde todos los días cumplía con la rutina asignada en sus entrenamientos. A los 24 años era una promesa del atletismo, ya había ganado algunas carreras menores de 10 kilómetros. Su constancia para entrenar lindaba lo obsesivo, como generalmente sucede en estos casos. Su dieta era estricta, su vida social  escasa y su sueño, un ritual a respetar a rajatabla. El atletismo se convirtió en su religión a la que se entregó con pasión.
Todo venía de maravillas hasta que ese gordo asqueroso se mudó al pent-house lindero. Ahí comenzaron las fiestas maratónicas ( un contrasentido para un atleta), el desfile de personajes raros con los que varias veces compartió el ascensor. Ahí comenzó su insomnio. Primero un par de quejas poco enfáticas, luego un poco más airadas. Y nada. Cartas documento y reuniones de consorcio tampoco trajeron una solución. Hasta sospechaba que el administrador asistía a las fiestas. Al parecer el tipo tenía dinero, influencias y alguna protección política importante.
El gordo era decididamente repugnante, con su pecho velludo al aire exhibiendo gruesas cadenas de oro. Su voz era  estrepitosa y sobre todo odiaba su risa, inagotable y estentórea. Fue así como cada vez se le hizo más cuesta arriba su entrenamiento. Perdió horas de sueño y empezó a fracasar en algunas competencias.
Eran las cuatro de la mañana, su equipo prolijamente preparado para la gran maratón, su bolso listo con todo lo necesario. Y él, desvelado por la fiesta del vecino. Llegó la hora de jugarse-pensó.
Guardó el revólver entre sus ropas y fue directamente al departamento de al lado. Estuvo largo rato tocando el timbre hasta que el gordo envuelto en una bata roja lo atendió
 -Tomasitoooooo que alegría, vení, pasá, relajate un poco pibe, estás muy tenso.-  Un poco confundido por el recibimiento se dejó llevar y en menos de dos minutos tenía una copa de vino en la mano y una morocha sentada en sus piernas. El ambiente era enorme y con poca luz pero se podía distinguir gente cogiendo por doquier y algunos bailando desenfrenadamente con esa música repetitiva y machacante. Se acordó del revólver que le presionaba el cuerpo y de su misión. Un poco menos de la maratón.....
 
Despertó  en una reposera. El gordo nadaba en la pileta con  denodado esfuerzo, una chica desnuda tomaba sol en el deck.  Eran las tres de la tarde y la resaca le taladraba la cabeza.
-Tomasito, tigreeeee......te volteaste a todas jaja.......y no paraste de tomar, sos una fiera- le gritó el gordo apenas lo vio despierto. -El revólver lo guardé en el armario, acá no jodemos con eso- continuó. Tomás se incorporó tambaleante y se arrojó a la pileta.  Se le acercó y le dijo:
-Gordo, ¿cuándo hacemos la próxima?-

10/5/12

El asesino, la puta y el detective. El desenlace.


Conocimos al asesino en     El, el asesino
Conocimos a la puta en       Ella, la puta
Conocimos al detective en   Ese, el detective
Ahora los presentamos.......






19-La cabeza le ardía y no era precisamente por el inclemente sol del mediodía ya que se encontraba cómodamente instalado bajo una sombrilla. Cómodo era poco, se sentía como un rey. La maravillosa playa de aguas cristalinas y cálidas entornada por un imponente acantilado lleno de vegetación le daban marco a este presente. La cabeza le ardía. Repasaba una y otra vez su situación. Del intento de suicidio a convertirse en  asesino. De la desesperanza a la omnipotencia. Del aburrimiento a la adrenalina. Y finalmente de la rutina a esta vida de lujo. Las dudas sobre el futuro le entorpecían el disfrute del presente. Ya no quería morir, ni siquiera sabía si quería seguir asesinando y correr el riesgo de ser atrapado. El hedonismo lo había hecho prisionero. Ya se iba desdibujando la fantasía del héroe de los inocentes que mata a quienes los someten. Ahora disfrutaba de los placeres de la vida pero sus ahorros y el maletín lleno de dinero que la misteriosa mujer le había entregado cuando se despachó al obispo, tarde o temprano se acabarían. Y luego, ¿qué?  -Camaroes grelhados, uma cerveja.- El muchacho del servicio de playa lo distrajo de sus pensamientos. Disfrutó la comida y se disponía a dormir una siesta cuando sus ojos atentos vieron a una mujer caminar sola por la orilla. Una escultural  belleza que era como un faro llamando la atención a pesar de usar un sombrero blanco y anteojos de sol que hacían inescrutable su rostro. Si el mismo fuera en mínimo porcentaje proporcional a su cuerpo,  para Julián entraba en la categoría de diosa. Apuró el último sorbo de cerveza, se levantó de la reposera y se dirigió hacia la mujer. Mientras caminaba hacia ella se dijo que mejor era posponer la deliberación interna e ir por un poco de acción. En esta cuestión, no tuvo dudas. Llegó a ella, la siguió un par de pasos. - Estás para el asesinato- le dijo, como si fuera un exabrupto de su inconsciente.



20-La cabeza le ardía y no era precisamente por el inclemente sol del mediodía del cual se protegía con un sombrero blanco mientras caminaba por la orilla. La muerte de su amiga la había perturbado demasiado. Pudo escaparse con los maletines y llegar a Brasil donde tenía pensado quedarse a vivir. Pero ahora no estaba segura. Las cosas se habían complicado lo suficiente hasta el punto en que pensó seriamente en devolver el dinero. Rápidamente desechó ese pensamiento. Igual la matarían. Cuatro muertos eran ya demasiado. Le pareció que alguien la miraba con binoculares desde un barcito cercano al acantilado y se estremeció. Cuando vió que era un gordito con una bermuda ridícula se tranquilizó. -Otro pajero- pensó. Volvió a sus cosas. Necesitaba pensar en una estrategia, los tipos la iban a buscar hasta encontrarla. Abandonar la prostitución con un buen resto de dinero para vivir bien fue siempre su plan. Por eso aguantó lo que aguantó. Quizá la ambición fue demasiada. No podía olvidar los ojos del asesino, sobresaliendo del pasamontañas. Ese hijo de puta le cagó la vida. Hubiera entregado los tres maletines y trabajo terminado. Pero no. Los momentos compartidos en esta misma playa con su amiga asesinada le volvían una y otra vez. Demasiadas cosas en su cabeza. Mariana, siempre fue decidida y siempre supo lo que quería pero esta vez se hallaba atrapada. La alternativa era seguir con el perfil lo más bajo posible y dejar que pase el tiempo. Sintió que alguien la seguía, un escalofrío y casi se derrumba cuando escuchó: -Estás para el asesinato.-



21-La cabeza le ardía y era precisamente por el inclemente sol del mediodía. Luego de un par de días calientes recorriendo playas para encontrar aquella mujer  que coincidiera con la foto, Aureliano estaba en llamas. Su torso desnudo con lunares de buen tamaño, luego del sol acumulado, se asememejaba al interior de una sandía. Adquirió en un puesto callejero una camiseta de fútbol para cubrirse. Eligió la del futbolista del momento, Ganso. Y así andaba Aureliano con esa prenda que le apretaba desde todos los puntos cardinales, la bermuda multicolor, una pared blanca de protector solar en la cara, una gorra, un par de binoculares y el nombre de Ganso en la espalda. Bajó trabajosamente los 198 escalones del acantilado que lo llevaba a una playa de ensueño. Transpirando a mares levantó la vista y sus ojos se llenaron de alegría. Lo que veía en ese momento era lo mismo que se veía en la foto. -Este es el lugar, acá seguramente encontraré a la Loba- pensaba con su extraña mezcla de lógica y azar. Luego de dos agotadores días repitiendo la extensa caminata, refugiándose en las escasas sombras de los paradores, descompuesto por el exceso de cerveza y camarones, tuvo un raro sentimiento de frustración y culpa. Decidió que era el momento de hablar con su madre y pedirle disculpas. La mujer caminando por la orilla con sombrero y anteojos lo distrajo y sepultó la idea anterior. La observó con los binoculares y su corazón se aceleró. Miró la foto y volvió a la mujer. Se vanaglorió unos instantes de su inteligencia mientras seguía atentamente la caminata solitaria de, para él, la asesina. La Loba. -¿Y ahora qué?- se angustió. Obviamente hasta acá había llegado y todo lo que siguiera sería fruto de la improvisación. Como había sido hasta el momento, pero sin que Aureliano lo admitiese. De pronto vio cómo un hombre se acercaba a ella por su espalda. -Uno de los mafiosos- pensó mientras clavaba los ojos para no perderse detalle. Observó que el hombre le decía algo y  ella quedaba paralizada.




22-Nunca un encuentro de miradas provocó tanta electricidad. Julián, el asesino de asesinos y Mariana, la puta ambiciosa, se cruzaron tres veces antes. Ahora la realidad los cacheteaba con un encuentro en un lugar impensado. Para Julián el asombro fue demasiado, se quedó mudo. Para Mariana, aún sin saber a ciencia cierta con quien se estaba produciendo tamaño intercambio de sensaciones, fue un shock. Los ojos de él se fusionaban con la imagen del asesino con el pasamontañas . Y dramáticamente coincidían.  Tardaron tanto en reponerse que la ausencia de palabras era ruido en sus oídos. Sus cabezas trabajaban intensamente aunque el destino ya había dado su veredicto. Ella, más acostumbrada a situaciones difíciles, atinó a preguntar -¿Te conozco de algún lado?- Julián tuvo que recomponer su situación y fue al grano- Si, obviamente estuvimos en el mismo lugar, casi al mismo tiempo, al menos tres veces- dijo sincerándose y arrepintiéndose en el mismo instante en que las palabras salieron de su boca. Mariana confirmó sus sensaciones y se angustió. Se miraron. Julián, aturdido, invitó a unos tragos. Mariana, ansiosa, accedió. Nadie, ante semejante bagaje de casualidades,  podría haber declinado el  hecho de satisfacer la enorme curiosidad. Estaban jugados. Hablaron durante horas, que luego se hicieron días. Por alguna razón se sinceraron. Por alguna razón se comprendieron y se perdonaron. Las historias eran tan diferentes pero los presentes eran casi un calco. Los dos atascados entre la culpa y la ambición, entre la mierda y la buena vida. Marginales y en cierta forma, victoriosos. Y los dos cruzándose como si alguna razón superior quisiera juntarlos a pesar de ser extremos.  Pero los extremos se tocan. Y cuando ellos se tocaron, la pasión superó, como siempre lo hace, todo lo demás. Cogieron . Cogieron como si fuese a venir el fin del mundo, extraña premonición. Cogieron frente al dinero que les permitía ambos la entrada a ese paraíso. Cogieron hasta que la puerta de entrada de la habitación fue abierta violentamente y un arma brillante apareció delante de sus ojos.



23-Fiebre y mareos. Ampollas repartidas por su anatomía y un terrible malestar estomacal.  En la paz de la habitación del hotel Aureliano no parecía reparar en estos contratiempos.
Toda su energía estaba puesta en definir los procedimientos que culminarían con el arresto de la asesina y el mafioso que la acompañaba. Como siempre en su vida decidió respetar las reglas y procedió a llamar al departamento de homicidios para pedir autorización. -Hola, ¿quién habla? -preguntaron.  -Aureliano solicitando autorización para detener a sujeto femenino, presunta sospechosa de tres homicidios- dijo con voz grave y segura. -¿Aureliano?-dijo la voz de su interlocutor como invitando a la respuesta. El coro de obsecuentes no se hizo esperar   -Agarrámela con la manoooo-. Colgó el teléfono con furia. Haría las cosas por su cuenta y a su manera. Se vistió y salió en procura de un arma. Caminando disfrutaba del sabor de la victoria, paladeaba el éxito y la consideración de sus jefes. Su cabeza deliraba por la idea de ser el instrumento de la justicia y también por la fiebre que aumentaba. Sin darse cuenta terminó en una favela donde consiguió un revólver de dudoso aspecto y unas cuantas balas. El costo fue todo el dinero que llevaba, más las zapatillas y el reloj de oro regalo de su madre. Al menos no lo violaron. Regresó como pudo parando un par de veces para hacer sus necesidades y descansar sus pies lastimados. Parecía un androide guiado por una misión. incapaz de doblegarse por cualquier dolor. Ya los había seguido hasta el hotel donde el mafioso se hospedaba y sabía el número de la habitación. Entró al lobby buscando pasar desapercibido. No lo logró. Su imagen resultaba patética. Se dirigió a la habitación cuya puerta estaba entreabierta. Colocó el arma de manera que se viera en el interior. Con voz grave repitió el parlamento que tantas veces había escuchado en la televisión. -Arriba las manos, quedan todos detenidos en nombre de la ley-.


24-Mariana cerró los ojos y apretó fuertemente la mano de Julián. Un gesto de despedida. Y no cabía interpretarlo de otra forma con aquel tipo apuntándolos en la habitación. Sintió deseos de llorar. Los que nunca tuvo en su vida, ni cuando su padre la molía a golpes, ni cuando sus clientes se abusaban. Siempre fiel a su promesa de no derramar lágrimas ni mostrar debilidad. Pero esta vez sentía que la muerte estaba cerca. Justo cuando todo se había dado vuelta y podía comenzar a respirar la libertad pacientemente acuñada tras cada polvo. No había salida, aún devolviendo el dinero, su suerte estaba sellada. Repasó los hechos. Demasiados muertos. Demasiada culpa. Su mente se posó un instante en Julián a quien su mano seguía aferrada. Otra historia de mierda que se iba enderezando se terminaría esa noche. Estos tipos no dejan testigos. Si solo pudiera lograr que él no caiga... Lloró. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo.
Julián cerró los ojos y sintió la mano de Mariana aferrándolo. Un gesto de despedida. Y no cabía interpretarlo de otra forma con aquel tipo apuntándolos en la habitación. Estaba furioso. Estos meses había tenido una nueva vida. La anterior había sido un desperdicio monótono, sin deseos propios, solo satisfaciendo los de los demás. No entendía bien porqué terminó envuelto en la historia de otros. Ni siquiera le adjudicaban los asesinatos, se los adjudicaban a Mariana. Había sido fiel ejecutor de su rol en el sistema, hasta que el sistema lo expulsó. La frustración lo había llevado al borde del suicidio. Los asesinatos fueron su redención. Quizá había llegado muy lejos. Como si el sistema dejara de vez en cuando alguna imperfección para oxigenarse a sí mismo y una vez hecho esto, suprimía la imperfección. Él era en este juego la imperfección a barrer. Ya estaba jugado, si solo pudiera lograr que ella no caiga. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo.
La voz grave de Aureliano se mezcló con el silbido de la bala que se incrustó en la cabecera de la cama. Sin entender lo que ocurría decidió entrar a la habitación. Vio a la asesina y al mafioso acostados y desnudos en la cama y a un hombre apuntándolos. Lo reconoció de inmediato. Era el mismo que lo golpeó y asesinó a la amiga de la Loba. No tuvo tiempo de pensar, la furia lo dominó por completo y quiso disparar su arma. Tanta impericia y con un arma tan endeble terminó con una grave quemadura en su mano. El hombre sonrió despectivamente y supo que se encontraba frente a un inútil. Volvió a exigirle el dinero a Mariana amenazando con matar a Julián. La escena se ponía cada vez más tensa. Apurado por la situación y para demostrar sus intenciones, volvió a disparar. Mariana ya lo había decidido. Para ella, Julián era culpable de otras cosas, pero no de su ambición. Solo el destino pudo colocarla en el  camino de Julián y cagarle su redención.  En el momento en que la bala salía del revólver ella se cruzó en su camino y cayó fulminada sobre  Julián que quedó azorado abrazando el cuerpo tibio. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo, no importa cual.  Todo se detuvo. Todos miraban el cuerpo inerte de Mariana. El pistolero quedó shockeado por la situación que se le había complicado por esa decisión imprevista de Mariana y se distrajo unos momentos. Fueron los momentos en que Aureliano se sobrepuso a todas sus adversidades físicas y mentales, los momentos en que tomó su arma y disparó por segunda vez. Ahora sí, impactando en la cabeza del pistolero que se derrumbó. Como a Julián se le había derrumbado nuevamente la vida. Aureliano, más consternado que satisfecho, se quedó con la mirada clavada en el cuerpo de Mariana. Julián supo de inmediato qué era lo que se avecinaba. Por eso recuperó su  serenidad y se acercó a él. Le entregó unas llaves luego de hablar tranquilamente un par de minutos.  Logró que Aureliano le entregara el arma y se fuera del lugar entre lágrimas y protestas, deseando volver con su madre y a su trabajo seguro.

Tirado sobre la cama  y con la mano aferrada al revólver estaba Julián  admirado de su templanza ante el inminente suicidio. FIN.


EPILOGO

Carlos se levantó de la cama, se vistió lentamente. Susana hizo lo propio mientras encendía un cigarrillo. Ambos estaban cansados. Ni se miraban; cada uno en lo suyo. Los dos se limpiaron prolijamente las manchas. Pedro se incorporó, se alisó la ropa y dijo: -Bueno muchachos, hasta la próxima. Me rajo a cubrir el banco que si no me cierran la cuenta. Un beso a Dany, si lo ven.- Carlos y Susana saludaron sin convicción.  Casi cruzándose con Pedro, Gabriel entró a la habitación. -Hola, hola, ¿cómo va todo? Estuvo buena, ¿no? - preguntó a la pareja.   -Mmmsii, el final se hizo largo pero valió la pena.- dijo Susana mientras se pintaba los labios, -yo los dejo porque tengo que llevar a Nahuel al jardín. Si viene Dany avísenle que yo no sé si voy a estar en la próxima, tal vez vuelva a modelar ropa interior. Besos.- Y fue Susana la que ahora abandonó la habitación. Carlos bostezó. -Qué embole, se me hizo tardísimo, tengo que ir a ver al abogado por el tema del divorcio, ¿Vos te quedás?- le preguntó a Gabriel. -Si, lo espero a Dany, tengo algunas cosas que hablar con él-respondió. Carlos tomó su bolso y le dio un beso a Gabriel.-Nos vemos en la próxima- y se retiró.

Gabriel se sirvió una copa y se sentó a esperar. La habitación vacía le dio espacio para pensar un rato. Se había propuesto algo. Hablaría con Dany. La última vez que lo había intentado Dany amenazó con dedicarse a la poesía o volver a correr una maratón.  Gabriel estaba un poco cansado de ser el antihéroe de sus novelas. Aparte de pedirle más dinero, necesitaba su promesa de no ponerle nombres tan ridículos como Aureliano.

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Si llegaron hasta acá pueden comentar....¡¡¡vagos!!!

9/5/12

Ese, "el detective".

                          ¿ Venís atrasado?  Empezá por:  El, el asesino.
                 
                          ¿ Te sobra tiempo?  Seguí con:   Ella, la puta.

                          Ahora sí, estás listo/a  para seguir.....................

                         Paciencia.....en unos días comienzo con nano-relatos para
                         gente apurada. O pruebo con Haiku o aforismos.

                      

                                      



13- ¡ Aurelianooooo ! - gritó un flaco desgarbado detrás del escritorio.-  ¡Agarrámela con la manoooo!-corearon todos. Luego la risotada áspera y vulgar. A Aureliano no le importaba ya lo patético de la escena sino que el hecho se repetía varias veces, todos los días, hacía más de 30 años. Empleado como maestranza del departamento de homicidios, aparte del nombre, tenía otros problemas. Había pasado los cincuenta, era calvo y regordete, dueño de un aliento abominable y sobre todo, vivía con su madre. A su favor, pero sin hacer provecho de ello, tenía una inteligencia lógico-matemática fuera de lo común y era un genio con las computadoras. Su único aliado en el departamento, más por piedad que por afecto, se había jubilado hacía unos meses. Aureliano pasaba largas horas espiando en los archivos de los casos que entraban en la oficina, formulando teorías y buscando sospechosos, en una patética soledad. En una de esas excursiones fuera de horario se encontró con el asesinato de un tipo muy conocido, un economista de esos que sólo conjugan un solo verbo, ajustar. Se interesó en el caso. Luego de releer las declaraciones de todos los testigos, las distintas pericias y las evaluaciones de los detectives asignados llegó a su conclusión: la mujer fue la asesina y el motivo fue el contenido del maletín.  -¡¡¡ Aurelianoooo !!! ........se oyó. Y de inmediato-
¡¡¡ Agarrámela con la mano !!! - Hijos de puta -pensó para sí- y volvió a su rutina.


14-Aureliano estaba excitado. Una de las pocas veces en su vida que la motivación era más fuerte que la resignación. Como si fuese un regalo para él, llegó al departamento de homicidios la noticia del asesinato de un empresario. Usando la credencial de su protector jubilado y venciendo su proverbial bloqueo para relacionarse, se puso a investigar por su cuenta. No tardó en saber que el gordo iba todos las semanas a ese departamento, en igual día y horario, para un encuentro amoroso. El encargado del edificio le proporcionó una información contundente. El día del asesinato lo vió llegar con un maletín cuya descripción era idéntica a la que se hizo del maletín del caso del consultor. O sea que ya tenía dos muertos, dos maletines y dos mujeres a las que por pura misoginia les colocó el rótulo de asesinas. Y no podía saber si eran una o dos las mujeres porque la descripciones de los testigos del primer asesinato hablaban de una  rubia y ahora pareciera que se trataba de una morocha. Llevó todas las copias de los casos a su casa para trabajar en ellos el fin de semana. La cuestión sexual no le cerraba, en el primero se trataba de un gay y en el segundo, el gordo era conocido por su debilidad por las prostiutas. Pero al morir estaba esposado en la cama y sin evidencias de haber mantenido una relación sexual. El golpe en la nuca del cadáver podía revelar alguna disputa. -Aureeeee- el llamado no lo distrajo. Sobre un mueble vio una vieja peluca rubia que alguna vez había usado su madre. Y su mente le devolvió una idea. No eran dos mujeres, era la misma, concluyó apresuradamente. -Aureeeee vení a ver la película conmigo, mi amor -se escuchó más fuerte entre medio de una catarata de tos. -Vieja de mierda, si por lo menos dejaras de fumar- pensó. Obediente, caminó hacia el televisor.

15-Con este particular entusiasmo por la investigación muchas cosas estaban cambiando en la oscura vida de Aureliano. Se mostraba más decidido aunque conservaba su rol de observador distante que siempre lo caracterizó.
La paciencia con sus compañeros de trabajo e inclusive con su madre iba mermando día a día aunque no por asumir sus problemas de relación sino más bien porque entorpecian su  labor. Esta labor que no tenía para él ni horarios, ni jefes, ni límites, lo iba conduciendo a conclusiones propias que imaginaba como irrebatibles. Tenía la imagen de una misma asesina para los dos asesinatos y orientaba los motivos hacia el contenido de los maletines. La euforia se fue apoderando de Aureliano cuando decidió que si investigaba en el ambiente de las prostitutas de nivel podría encontrar alguna pista que lo condujera hacia la asesina. Esta no fue una conclusión abonada en pruebas, sospechas o corazonadas. Simplemente se trató de un deseo propio que emergió. La fantasia de la puta hermosa y asesina. Se imaginaba por caso, entrevistando con la credencial del departamento de homicidios, a unas cuantas prostitutas. Tuvo inmensos deseos de masturbarse a los que decidió no reprimir como era su costumbre.-Aureeeee, vení a ver. Parece que asesinaron a un obispo.-Vieja jodida- maldijo Aureliano mientras se ponía los pantalones y acudía al llamado.



16-El asesinato del obispo ocurrido hacía pocos días y la declaración de un monaguillo que lo vio partir solo, en su auto importado y con un extraño maletín, le dieron a las hipótesis de Aureliano un vuelo importante. -La puta está descontrolada y sigue matando- pensó. Si bien se horrorizaba con los crímenes empezó a desarrolar una especie de atracción hacia ella. Por lo menos asesinaba a tipos que eran una mierda aunque eso no la absolvía.
-¿Mil dólares?- preguntó Aureliano en su conversación teléfonica. El carnet de detective y su poca experiencia se confabularon para el  fracaso. No pudo hablar con ninguna de las "acompañantes" que eligió. Su plan B fue directamente contratar los servicios de una. -¿Mil dólares? -volvió a preguntar. El costo lo desanimó pero venía tan excitado con el tema que hasta se dispuso a robarle una parte del plazo fijo a su madre. Ese que él pacientemente renovaba todos los meses. Era una fortuna y ella controlaba con ojo de águila estas cosas. Es así como en un mismo día, el oscuro Aureliano estafaba a su madre y se iba a encontrar con una puta de categoría. Al llegar la noche se dirigió hacia el lugar pautado. Se iba a encontrar cara a cara con una mujer después de toda una vida virtual. Miedo, ansiedad, éxtasis, angustia, culpa. Las sensaciones iban pasando, veloces, como los autos de la mano contraria. Y volvían a repetirse en un círculo sin fin que lo paralizaba.
En un lujoso departamento ella lo atendió con soltura. Él estaba duro como una roca, en todos los sentidos posibles de esta afirmación. La mujer no le hacía asco a nada (si el dinero estaba) y podía soportar la inexperiencia, la gordura o la fealdad, pero lo que no pudo aguantar un sólo segundo fue su mal aliento. Tomó un frasco de un perfume importado y se lo dio. -¿Me lo pongo?- preguntó Aureliano. -No, es para que te lo tomés de un trago- dijo ella con una mueca de asco.


17- Ella lo fue desnudando con dulzura y Aureliano aturdido se dejó deshojar. La cara de ella se iluminó -Mmmmm tenemos un "tres piernas" por aquí- dijo entre risitas adolescentes. Aureliano estaba tenso como si fuera una amarra de crucero pero a la vez infinitamente caliente. -Relajate- le decía ella una y otra vez. Lentamente iba desmoronándose su resistencia y el hombre tímido estaba dejando paso a uno ávido de experimentar su placer.
De la nada aparecieron tres hombres en la habitación. Mientras uno le aplicaba un rodillazo al pobre Aureliano, otro tomó del cuello a la prostituta ahogándola con sus manos hasta  la asfixia. A los gritos le preguntó: - ¿La Loba?¿Dónde está la Loba, hija de puta?-
El ambiente se llenó de violencia. -Hablá o te desfiguro la cara- volvió a gritar. -No sé, hace días que no la veo, creo que se fue del país- dijo ella respirando con dificultad.
 -La muy turra tiene dos maletines que no son de ella, y nosotros le avisamos matándote a vos- dijo uno de los mafiosos. Aureliano, con un hilo de voz, atinó a decir: -Por favor déjenla en paz-. Fue un tremendo error. El  tipo furioso la dejó a un lado y arremetíó contra él. -¿Y vos quien carajo sos, forro?-
-Aureliano- respondió con la voz entrecortada .
-Agarrámela con la mano- gritaron todos. Carcajada y culatazo en la cabeza.

Cuando despertó, el cadáver de la puta estrangulada fue lo primero que vio. La  herida le seguía doliendo pero Aureliano, mas allá del dolor, había logrado su objetivo. La tal "Loba" era con seguridad la asesina y él era el único en saberlo. Solo restaba averiguar su identidad real y rastrear su paradero. Se vistió. Recuperó sus mil dólares, recogió una foto tirada en medio del desorden  y se fue. Estaba exultante por las averiguaciones, el sexo frustrado no empañaba esa sensación. Ningún sentimiento especial por comenzar a convivir más cerca de la muerte lo preocupaba. Llegó a su casa al mediodía. La voz de su madre en tono de reproche no se hizo esperar: -Aureliano. No vuelvas a hacerme estas cosas.-
-Vieja del culo- masculló.


18- Luego de observar durante horas la foto que sacó del departamento de la prostituta, extrajo algunas conclusiones. Alli se la veía junto a otra mujer, por cierto bellísima. Estaba convencido que la otra mujer era la Loba, a quien Aureliano imputaba los tres asesinatos. También concluyó, por algunos detalles de la fotografía, que ambas estaban en una playa del nordeste de Brasil. Exultante, comenzó a buscar entre los registros aduaneros del día siguiente al del último crimen. Su excitación fue mermando con el descubrimiento de que en pleno enero las mujeres que salieron con rumbo a Brasil se contaban por miles. No durmió. Debía encontrar la foto del documento que coincidiera con la que él tenía. Y la encontró. Había salido vía Paraguay. Aureliano era una suma de sensaciones, por un lado estaba  posesionado con la idea de convertirse en la persona que iba a resolver los misteriosos asesinatos y por otro estaba absolutamente paranoico con la idea de que los mafiosos lo perseguirían. Pidió unos días de vacaciones de los cientos que fue acumulando a lo largo de su vida laboral. Compró algún producto para el mal aliento, anteojos de sol y una ridícula bermuda multicolor. Armó una valija con algunas pocas cosas, volvió a robarle dinero a su madre a quien le dejó una nota diciendo : "Madre, me voy a Brasil de vacaciones. Si te gusta, bien, si no a joderse. Tu hijo, Aureliano". A pesar de la paranoia  que lo hacía ver mafiosos ocultos en cada lugar, pudo salir. Horas después, con el inconfundible temor de los que viajan por primera vez en avión, partió a cumplir su misión.  El viaje fue toda una muestra de sus miedos, obsesiones, paranoias y malestares. La queja de los pasajeros por el mal uso que hizo Aureliano del baño desbordó la gentil atención del personal de la aeronave. Antes de que la cosa empeorara, tocaron tierra en Brasil.


En unos días, el desenlace.

2/5/12

Ella, la puta

En diez minutos te ponés al día, lee primero: 


 

7- ¡¡Puta. Naciste puta y vas a morir puta!!-. Mariana siempre recordaba las últimas palabras que le dijo su padre cuando a los 18 se fue de casa. Renunció a su estado con un aborto y deambuló sufriendo. Hambre y culpa.  Hoy a los 30 gozaba con la imagen que le devolvía el espejo. Se veía cada día más linda. -Y más puta- pensó. Su padre era un visionario al fin. Colocada entre las acompañantes de gente poderosa había logrado escalar posiciones y juntar buen dinero. El suficiente para ir pensando en su libertad. Esa libertad era lo único que tenía a mano cuando el asco la paralizaba. No le era fiel a nada que no fuera eso. Mariana estaba en estos pensamientos cuando una llamada telefónica la sorprendió. Luego de unos minutos de charla y unas cuantas anotaciones, colgó el teléfono y sonrió. Algo diferente. Le pagaban 30.000 dólares por tres trabajos con diferentes personas, sin sexo y sin preguntas. 

8-Por fin la noche del primer encargo había llegado. Se vistió, eligiendo cuidadosamente cada prenda. Lo más sensual posible porque a pesar de estar advertida de que el trabajo no incluía sexo no vendría mal algún extra.
Casi de noche tomó un taxi hasta la dirección que había apuntado. Una mansión le hizo brillar los ojos de ambición. Fue conducida a un salón en el primer piso con un balcón a los amplios jardines. Mientras esperaba se dedicó a curiosear la inmensa cantidad de objetos de arte que se desparramaban por doquier. -Una fortuna- pensó. Un hombre de unos 45 años se le acercó y le dio  la mano sin firmeza. El plan con sexo incluído se frustró al instante. Por su experiencia reconoció en el hombre su homosexualidad y su represión
La acompañó hasta la ventana que daba al balcón y de un mueble extrajo un maletín. Sin pronunciar palabra le entregó el maletín y desapareció por una puerta lateral. La acompañaron a la salida mientras maldecía por lo bajo. Un taxi la estaba esperando. Cuando llegó a su casa estaba más tranquila ya que al menos el encargo pudo hacerse sin contratiempos. Un plan con hidromasaje y masturbación incluída la calmaría del todo. Se dio cuenta de que no podía quitar los ojos del maletín.

9-Se durmió. Cada golpe la hacía más fuerte y lo devolvía solo con una mirada penetrante. Esto realimentaba a su padre que la volvía a golpear con más fuerza. No era un sueño. Era, en una pesadilla eterna, su pasado. El ruido del teléfono la despertó. Era muy temprano en la mañana. Una voz nerviosa le ordenó esperar unos días antes del próximo trabajo, que por el momento retuviera el maletín, que no frecuentara ningún lugar de los acostumbrados y sobre todo que viera las noticias. Cuando prendió el televisor se quedó inmóvil. El cadáver del puto tirado sobre el jardín. No lo podía creer. Subió el volumen y siguió escuchando atentamente. Un taxista y el secretario del dueño de casa hablaban de una mujer. Una mujer rubia, de ojos celestes y un lunar en la mejilla. Muy alta y atractiva. La peluca, los lentes de contacto, el maquillaje y un par de zapatos de taco muy alto no estuvieron demás, pensó. Se preparó el desayuno mientras repasaba mentalmente los hechos de la noche anterior. No tocó nada, se bajó del taxi en un barrio y tomó otro, ya sin la peluca. Podría respirar tranquila por el momento, lo que no podía era dejar de pensar en el muerto que el destino le tiró encima y en el contenido del maletín. Pasó unos días de mal humor por la inactividad pero el llamado encomendándole la segunda parte del trabajo le elevó el ánimo y la adrenalina. Un departamento en los suburbios......otro hombre....... otro maletín.

10-Otra vez se encontró disfrutando frente al espejo en la ceremonia de vestirse. Hoy, además del segundo maletín, la posibilidad de un encuentro sexual ocupaba su cabeza. Las precauciones, dadas las circunstancias, fueron mayores. Tocó el timbre del segundo piso, subió por el ascensor y entró al departamento cuya puerta estaba entreabierta. Una escena patética le arrancó de un plumazo las ilusiones. Un gordo voluminoso y repugnante, totalmente desnudo, cubría su entrepierna con un maletín. Esta vez el asco pudo más y manifestó su apuro por retirarse con  la prenda íntima. El gordo no tenía las mismas intenciones y comenzó a ponerse pesado. Con una mano sostenía el maletín y torpemente la acosaba con la otra recorriendo su cuerpo y empujándola hacia la habitación. Experimentada en estas cuestiones lo dejó hacer mientras pensaba la forma en que se desharía de semejante mole sudorosa. En un descuido del gordo le arrebató el maletín y con él le golpeó fuertemente la cabeza. Aturdido, se desplomó en la cama y en segundos ella esposó sus manos a la cabecera. Esta situación provocó en él una excitación con erección incluída. Mariana buscó algo para amordazarlo, tomó el maletín y se fue velozmente del lugar luego de borrar alguna huella. Cuando salió al pasillo tuvo una rara sensación como si otra presencia ocupara la escena. Subió al ascensor y volvió  a su casa. Necesitó algunas horas para reponerse del asco durante las cuales volvió a sentirse inquieta por esa sensación de ser observada en aquel pasillo. Los dos maletines sobre su cama  la volvieron a la realidad.

11-No hubo pesadilla violenta. No la hubo simplemente porque no pudo dormir. El encargo se le estaba haciendo complicado y tenía la intuición de que algo iba a salir mal. Mariana siempre fue perceptiva y ese conocimiento la hacía aún más pesimista. Desnuda sobre la cama pasando crema por su cuerpo fue dejando la noche atrás. Se preparó un café y tuvo el impulso de mirar las noticias. Mala idea. Los noticieros se regodeaban con la muerte del empresario. El gordo fue asesinado de dos tiros. Asesinado desnudo, esposado a la cama y amordazado. Tal cual ella lo había dejado. La sensación de otra presencia en el palier le volvió de forma inmediata y no la abandonó. El llamado telefónico pidiendo explicaciones no se hizo esperar. Contaba con la confianza de sus mandantes que se tranquilizaron con la noticia de que los dos maletines estaban seguros. Caminaba en círculos por el estrecho departamento que alquilaba pensando en esta muestra de independencia del destino. Dos maletines, dos asesinatos casi en su presencia. Indudablemente algo no cerraba para ser casualidad. Desesperada recurrió a la cocaína, otras veces le había servido. Pasaron algunos días lentos, angustiantes, pesados. La orden del tercer encargo llegó. Esta vez pintaba mejor, un encuentro en un descampado. Más fácil, pensó.

12-Con un coche prestado salió de la ciudad en la búsqueda del descampado. Una mezcla de nervios y ansiedad se apoderó de ella. Trató de relajarse pensando en el dinero prometido y en que era el último encargo, pero sus pensamientos llegaron a los dos cadáveres y la tensión volvió. Al llegar al sitio comprobó la presencia de un auto importado y nada más. Vamos bien, pensó. Estacionó el auto al lado, se miró en el espejo como siempre y salió. Dentro del otro un hombre bastante mayor y de modales suaves le indicó que entrara y cerrara la puerta. Sacó de un bolsillo un grueso fajo de dólares y le preguntó si quería hacerle una mamada. Mariana sonrió. Al fin un poco de acción luego de tantos contratiempos. Aceptó pero pidió que le exhibiera el maletín, lo que el hombre hizo con rapidez. Comenzó acariciándole  la zona. Era una experta. El hombre se desabotonó la camisa lentamente y dejó a la vista un inmenso crucifijo. Esto la puso un tanto incómoda pero continuó con su tarea que por cierto iba a ser bien paga. Fue poco a poco logrando que se hinchara de placer cuando súbitamente la puerta del coche fue abierta. Un hombre alto con el rostro tapado y un arma  apareció ante sus ojos. Durante unos segundos que parecieron eternos ninguno atinó a nada. Temiendo lo peor Mariana le entregó el maletín. El encapuchado lo tomó con un  movimiento que a ella le pareció de sorpresa, a continuación disparó dos veces y huyó corriendo. Mariana gritó inútilmente. Comprobó que el hombre estaba muerto. Tenía manchas de sangre por todo su vestido. Tuvo ganas de vomitar pero se contuvo. Limpió lo que pudo antes de subirse a su auto y salir  sin rumbo. Pudo cambiarse en una estación de servicio sin parar de temblar. Siempre llevaba un jean y una blusa por las dudas. La cabeza le estallaba. Cuando llegó a su casa pudo vomitar. Tomó un par de pastillas. Todo se había ido al carajo. Unas horas después, un poco más tranquila, se decidió. Abrió los maletines y comprobó que estaban repletos de dinero. -Hora de tomarse unas vacaciones- pensó.


En unos días seguimos...