Fiebre y mareos. Ampollas repartidas por su anatomía y un terrible malestar estomacal. En la paz de la habitación del hotel Aureliano no parecía reparar en estos contratiempos.
Toda su energía estaba puesta en definir los procedimientos que culminarían con el arresto de la asesina y el mafioso que la acompañaba. Como siempre en su vida decidió respetar las reglas y procedió a llamar al departamento de homicidios para pedir autorización. -Hola, ¿quién habla?-preguntaron. -Aureliano solicitando autorización para detener a sujeto femenino, presunta sospechosa de tres homicidios- dijo con voz grave y segura. -¿Aureliano?-dijo la voz de su interlocutor como invitando a la respuesta. El coro de obsecuentes no se hizo esperar -Agarrámela con la manoooo-. Colgó el teléfono con furia. Haría las cosas por su cuenta y a su manera. Se vistió y salió en procura de un arma. Caminando disfrutaba del sabor de la victoria, paladeaba el éxito y la consideración de sus jefes. Su cabeza deliraba por la idea de ser el instrumento de la justicia y también por la fiebre que aumentaba. Sin darse cuenta terminó en una favela donde consiguió un revólver de dudoso aspecto y unas cuantas balas. El costo fue todo el dinero que llevaba, más las zapatillas y el reloj de oro regalo de su madre. Al menos no lo violaron. Regresó como pudo parando un par de veces para hacer sus necesidades y descansar sus pies lastimados. Parecía un androide guiado por una misión. incapaz de doblegarse por cualquier dolor. Ya los había seguido hasta el hotel donde el mafioso se hospedaba y sabía el número de la habitación. Entró al lobby buscando pasar desapercibido. No lo logró. Su imagen resultaba patética. Se dirigió a la habitación cuya puerta estaba entreabierta. Colocó el arma de manera que se viera en el interior. Con voz grave repitió el parlamento que tantas veces había escuchado en la televisión. -Arriba las manos, quedan todos detenidos en nombre de la ley-....(continuará).
Hace unos años cayó la pared. Y ahí, desnudo me vi de pronto. Y tuve que volver a empezar. Y aquí estoy...
27/3/11
22/3/11
Asesino de Asesinos 22
Nunca un encuentro de miradas provocó tanta electricidad. Julián, el asesino de asesinos y Mariana, la puta ambiciosa, se cruzaron tres veces antes. Ahora la realidad los cacheteaba con un encuentro en un lugar impensado. Para Julián el asombro fue demasiado, se quedó mudo. Para Mariana, aún sin saber a ciencia cierta con quien se estaba produciendo tamaño intercambio de sensaciones, fue un shock. Los ojos de él se fusionaban con la imagen del asesino con el pasamontañas . Y dramáticamente coincidían. Tardaron tanto en reponerse que la ausencia de palabras era ruido en sus oídos. Sus cabezas trabajaban intensamente aunque el destino ya había dado su veredicto. Ella, más acostumbrada a situaciones difíciles, atinó a preguntar -¿Te conozco de algún lado?- Julián tuvo que recomponer su situación y fue al grano- Si, obviamente estuvimos en el mismo lugar, casi al mismo tiempo, al menos tres veces- dijo sincerándose y arrepintiéndose en el mismo instante en que las palabras salieron de su boca. Mariana confirmó sus sensaciones y se angustió. Se miraron. Julián, aturdido, invitó a unos tragos. Mariana, ansiosa, accedió. Nadie, ante semejante bagaje de casualidades, podría haber declinado el hecho de satisfacer la enorme curiosidad. Estaban jugados. Hablaron durante horas, que luego se hicieron días. Por alguna razón se sinceraron. Por alguna razón se comprendieron y se perdonaron. Las historias eran tan diferentes pero los presentes eran casi un calco. Los dos atascados entre la culpa y la ambición, entre la mierda y la buena vida. Marginales y en cierta forma, victoriosos. Y los dos cruzándose como si alguna razón superior quisiera juntarlos a pesar de ser extremos. Pero los extremos se tocan. Y cuando ellos se tocaron, la pasión superó, como siempre lo hace, todo lo demás. Cogieron . Cogieron como si fuese a venir el fin del mundo, extraña premonición. Cogieron frente al dinero que les permitía ambos la entrada a ese paraíso. Cogieron hasta que la puerta de entrada de la habitación fue abierta violentamente y un arma brillante apareció delante de sus ojos......(continuará)
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17/3/11
Asesino de asesinos 21
La cabeza le ardía y era precisamente por el inclemente sol del mediodía. Luego de un par de días calientes recorriendo playas para encontrar aquella que coincidiera con la foto, Aureliano estaba en llamas. Su torso desnudo con lunares de buen tamaño, luego del sol acumulado, se asememejaba al interior de una sandía. Adquirió en un puesto callejero una camiseta de fútbol para cubrirse. Eligió la del futbolista del momento, Ganso. Y así andaba Aureliano con esa prenda que le apretaba desde todos los puntos cardinales, la bermuda multicolor, una pared blanca de protector solar en la cara, una gorra, un par de binoculares y el nombre de Ganso en la espalda. Bajó trabajosamente los 198 escalones del acantilado que lo llevaba a una playa de ensueño. Transpirando a mares levantó la vista y sus ojos se llenaron de alegría. Lo que veía en ese momento era lo mismo que se veía en la foto. -Este es el lugar, acá seguramente encontraré a la Loba- pensaba con su extraña mezcla de lógica y azar. Luego de dos agotadores días repitiendo la extensa caminata, refugiándose en las escasas sombras de los paradores, descompuesto por el exceso de cerveza y camarones, tuvo un raro sentimiento de frustración y culpa. Decidió que era el momento de hablar con su madre y pedirle disculpas. La mujer caminando por la orilla con sombrero y anteojos lo distrajo y sepultó la idea anterior. La observó con los binoculares y su corazón se aceleró. Miró la foto y volvió a la mujer. Se vanaglorió unos instantes de su inteligencia mientras seguía atentamente la caminata solitaria de, para él, la asesina. La Loba. -¿Y ahora qué?- se angustió. Obviamente hasta acá había llegado y todo lo que siguiera sería fruto de la improvisación. Como había sido hasta el momento, pero sin que Aureliano lo admitiese. De pronto vio cómo un hombre se acercaba a ella por su espalda. -Uno de los mafiosos- pensó mientras clavaba los ojos para no perderse detalle. Observó que el hombre le decía algo y ella quedaba paralizada.......( continuará)
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14/3/11
Roberta y Roberto, el juego del miedo.
Se acercaba con rapidez a los cuarenta. De algo podía estar segura y era que tenía una enorme colección de miedos. Algunos de ellos, como debe ser, contradictorios entre sí. Por caso, Roberta, tenía miedo al compromiso y miedo a quedarse sola. Miedo a tener hijos y miedo a no poder tenerlos. Miedo a la rutina del trabajo y miedo a los cambios. En fin, como se dijo, una colección de miedos. Y se sabe que los miedos paralizan. La vida de Roberta hacía años que estaba detenida. Un día de esos en una fiesta a la que fue arrastrada por una amiga conoció a Roberto. Ese día fue de aquellos que no se olvidan fácilmente porque a partir de ahí su vida cambió. Cuando Roberto le pasó por primera vez la mano por el hombro, Roberta se sintió segura. A partir de esa seguridad, fue perdiendo sus miedos. Se comprometió con Roberto. Tuvo dos hijos, tal cual quería Roberto. Dejó de trabajar, como era el deseo de Roberto. No más polleras cortas o mostrar mucho las tetas, al gusto de Roberto. Fue dejando de ver a sus pocas amigas, que al decir de Roberto eran putas o mala gente. Se hizo eximia cocinera, haciendo los platos que le gustaban a Roberto. Y en la cama... bueno, en la cama las cosas eran como decía Roberto, qué duda. Se fueron yendo los años, todos sabemos qué rápido pasan, y Roberta no sintió ningún miedo. Quizá no se dio cuenta o nadie, por miedo, le advirtió que no pudo vencer al último que le quedaba. El miedo a vivir una vida propia.
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11/3/11
Asesino de asesinos 20
La cabeza le ardía y no era precisamente por el inclemente sol del mediodía del cual se protegía con un sombrero blanco mientras caminaba por la orilla. La muerte de su amiga la había perturbado demasiado. Pudo escaparse con los maletines y llegar a Brasil donde tenía pensado quedarse a vivir. Pero ahora no estaba segura. Las cosas se habían complicado lo suficiente hasta el punto en que pensó seriamente en devolver el dinero. Rápidamente desechó ese pensamiento. Igual la matarían. Cuatro muertos eran ya demasiado. Le pareció que alguien la miraba con binoculares desde un barcito cercano al acantilado y se estremeció. Cuando vió que era un gordito con una bermuda ridícula se tranquilizó. -Otro pajero- pensó. Volvió a sus cosas. Necesitaba pensar en una estrategia, los tipos la iban a buscar hasta encontrarla. Abandonar la prostitución con un buen resto de dinero para vivir bien fue siempre su plan. Por eso aguantó lo que aguantó. Quizá la ambición fue demasiada. No podía olvidar los ojos del asesino, sobresaliendo del pasamontañas. Ese hijo de puta le cagó la vida. Hubiera entregado los tres maletines y trabajo terminado. Pero no. Los momentos compartidos en esta misma playa con su amiga asesinada le volvían una y otra vez. Demasiadas cosas en su cabeza. Mariana, siempre fue decidida y siempre supo lo que quería pero esta vez se hallaba atrapada. La alternativa era seguir con el perfil lo más bajo posible y dejar que pase el tiempo. Sintió que alguien la seguía, un escalofrío y casi se derrumba cuando escuchó: -Estás para el asesinato.- ....(continuará)
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7/3/11
Asesino de asesinos 19
La cabeza le ardía y no era precisamente por el inclemente sol del mediodía ya que se encontraba cómodamente instalado bajo una sombrilla. Cómodo era poco, se sentía como un rey. La maravillosa playa de aguas cristalinas y cálidas entornada por un imponente acantilado lleno de vegetación le daban marco a este presente. La cabeza le ardía. Repasaba una y otra vez su situación. Del intento de suicidio a convertirse en asesino. De la desesperanza a la omnipotencia. Del aburrimiento a la adrenalina. Y finalmente de la rutina a esta vida de lujo. Las dudas sobre el futuro le entorpecían el disfrute del presente. Ya no quería morir, ni siquiera sabía si quería seguir asesinando y correr el riesgo de ser atrapado. El hedonismo lo había hecho prisionero. Ya se iba desdibujando la fantasía del héroe de los inocentes que mata a quienes los someten. Ahora disfrutaba de los placeres de la vida pero sus ahorros y el maletín lleno de dinero que la misteriosa mujer le había entregado cuando se despachó al obispo, tarde o temprano se acabarían. Y luego, qué? -Camaroes grelhados, uma cerveja.- El muchacho del servicio de playa lo distrajo de sus pensamientos. Disfrutó la comida y se disponía a dormir una siesta cuando sus ojos atentos vieron a una mujer caminar sola por la orilla. Una escultural belleza que era como un faro llamando la atención a pesar de usar un sombrero blanco y anteojos de sol que hacían inescrutable su rostro. Si el mismo fuera en mínimo porcentaje proporcional a su cuerpo, para Julián entraba en la categoría de diosa. Apuró el último sorbo de cerveza, se levantó de la reposera y se dirigió hacia la mujer. Mientras caminaba hacia ella se dijo que mejor era posponer la deliberación interna e ir por un poco de acción. En esta cuestión, no tuvo dudas. Llegó a ella, la siguió un par de pasos. - Estás para el asesinato- le dijo, como si fuera un exabrupto de su inconsciente.......(continuará)
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2/3/11
Mario y María, en problemas.
Intentó abrir un ojo y no pudo evitar el gesto de dolor. Del otro nada veía ya que estaba tapado por un vendaje. Intentó moverse y los dolores se hicieron más agudos. Por lo que veía se hallaba en la habitación de una clínica o sanatorio. En soledad. Su celular cerca, sobre algo parecido a una mesita de luz. Trató de recordar los hechos previos. Sintió angustia y desesperación. Lloró. Nunca pensó que le iba a suceder algo como esto. Cuando le gritó por primera vez pensó que se le pasaría. Luego se acostumbró. Después la constante agresión. También se acostumbró. Y cuando vino el primer golpe, ya era tarde. Siempre creyó que esta etapa terminaría. No fue así. Mintiendo en la oficina sobre su rostro amoretonado. -Me caí- decía tratando de fingir una sonrisa que era solo una mueca de espanto. Solo lo supo un amigo, el único que le fue quedando de tanto esconderse. -Andá a la comisaría ya- le recriminaba. -No, sabés como son los de la cana. Me van a maltratar y no quiero pasar por eso.-contestaba. También puso excusas para ir a un tribunal de justicia a hacer la denuncia. Se moría de verguenza. Volvió al presente, sus ojos húmedos, su dolor interno, sus costillas rotas. Sus hijos no lo sabían, tenía que preservarlos. Siempre podría ocurrir el milagro que cambie las cosas, pero el milagro no ocurrió y las cosas empeoraron. Cada vez más violencia.
De pronto el celular comenzó a sonar. Hizo un esfuerzo increíble para contestar. Era su cuñado - Mario, me escuchás? La cana detuvo a María porque le pegó con el matafuegos a un colectivero. ¿ Sabés algo ?- le preguntaba. Hilvanó un "no" y dejó caer el celular.
De pronto el celular comenzó a sonar. Hizo un esfuerzo increíble para contestar. Era su cuñado - Mario, me escuchás? La cana detuvo a María porque le pegó con el matafuegos a un colectivero. ¿ Sabés algo ?- le preguntaba. Hilvanó un "no" y dejó caer el celular.
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