Cuando el experto forense hizo la segunda autopsia comprobó la disección perfecta de un músculo del cuello hecha seguramente por otro profesional . Sin él la prueba del estrangulamiento se volvía imposible. Así presentó su informe. Algo más faltaba para cerrar la causa y por eso el mismo forense habló con un aparente testigo de los hechos que desde las sombras parecía recordar claramente lo sucedido. Un cartonero que vivía recorriendo la basura en busca de cosas para vender. Ese testigo tenía un hijo preso y negoció con el fiscal su libertad a cambio del testimonio. También hubo otro testigo compañero de basurales del anterior que a cambio pidió que le archiven un asesinato. No hacía falta.
"Se me refaló" dijo el imputado en su testimonio. Luego vino la declaración del cartonero:"La fuerte discusión los llevó al balcón. Los insultos iban y venían, el alcohol hacía de las suyas. De pronto un par de trompadas y ella cayó al piso. El se retiró unos instantes obnubilado y furioso con el corazón latiendo desorbitadamente. A los pocos minutos volvió, pareciendo estar un poco, solo un poco, más controlado. Levantó el cuerpo insconsciente tomándolo del cuello y la estranguló como si fuera una gallina. Luego la arrojó por el balcón. Al cabo de unos minutos, luego de comprobar la ausencia de miradas, se tiró sobre el cuerpo de ella en forma deliberada. Ahí comenzaron sus pedidos de auxilio."
La condena a semejante violencia finalmente llegó. Parte de la sociedad también se vio condenada. Parece que a los ídolos se le pueden perdonar cosas que a los comunes, no. Aún luego de varios años algunos titulares de diarios repiten en cada aniversario del hecho: "ella cayó de un balcón..."
*Ficción sobre hechos de público conocimiento.







