
Sergio tenía debilidad por las frases célebres. Por eso cuando leyó que Einstein había dicho que repetir siempre los mismos actos y esperar resultados distintos era el primer paso hacia la locura, no dudó un instante y a partir de ese día hizo varios cambios en su rutina. Para empezar, cambió la línea de colectivo con la que iba a la oficina. Tendría que caminar un poco más pero no le importaba. El primer día del cambio no lo iba a olvidar el resto de su vida. Era un lunes. Cuando dobló la esquina para llegar a la parada, en una casa que parecía abandonada, lo vio. Un perro hermoso asomándose por una derruída ventana. Se acercó para mirarlo cuando de pronto el perro le habló: -¿Qué mirás, puto? Sergio, totalmente sorprendido, miró para todos lados y no pudo ver a nadie más. Solo el perro y él. Se le hacía tarde y era un tipo puntual por lo que dejó las dudas para otro día. Pasó la semana y no volvió a verlo. Pero el lunes siguiente, al doblar la esquina, nuevamente estaba en la ventana. Se acercó y el perro volvió a hablarle: -Flaco, vos no sos más boludo porque no tenés tiempo...rajá gil-. Era demasiado, comenzó a tocar timbre en la casa una y otra vez hasta que, molesto, el perro dijo: -El rengo es sordo, pelotudo-. Como la puerta estaba abierta se metió en la casa. En la cocina se encontró con un hombre viejo que efectivamente rengueaba y era un poco sordo. Para ese momento Sergio ya había decidido faltar a la oficina y se tomó todo el tiempo para develar el misterio. El hombre le contó que varias personas le habían comentado que el perro hablaba, pero que como él no lo escuchaba, nunca le dio importancia. A partir de esa conversación con el hombre más algunas charlas con el perro, Sergio decidió renunciar al trabajo y dar rienda suelta a su ambición pensando que si lograba llevar al perro a la televisión podría ganar fortunas. Pero el animal sistemáticamente se negaba diciendo: -Ni loco voy a la televisión pibe, dejame de joder las pelotas.
Sergio era persistente y además había leído esa frase que dice que el tren pasa solo una vez en la vida y hay que subirse como sea. Logró que el sordo convenciera al perro y programó una reunión con la productora de un canal importante. A cambio, el perro le pidió diez mil dólares de anticipo.
Finalmente el día llegó y Sergio desbordaba de ansiedad. Pidió un taxi para pasar a buscarlos y al doblar la esquina.....(acá me detengo un momento, creo que tanto uds, como yo a esta altura pensamos que el sordo y su mascota deberían estar bien lejos con la guita, pero no ).....los vio en la puerta preparados para el momento.
El ridículo que hizo Sergio ante los productores fue gigante. El perro jamás dijo una palabra. Es más, casi muerde a una secretaria. En el taxi de vuelta no podía consolarse y se maldecía a si mismo por su papelón.
Le gritaba una y otra vez al perro que parecía estar en otro mundo. Al llegar, harto de las recriminaciones el perro volvió a hablar: -Disculpame, pibe, no tenía ganas de hablar. ¿O acaso nunca tuviste un día de perros, boludo?
-¿Y la guita?-preguntó Sergio.
- Me la gasté en putas- respondió el can antes de meterse en la casa.
Unos años después
Empecinadamente Sergio seguía con su devoción por las frases.En cierta forma le ofrecían un refugio. Después del desgraciado acontecimiento con el perro escuchó aquella que dice
"lo que no te mata, te fortalece". Y ahí estaba de nuevo con esa ingenuidad que lo acompañaba en la vida con un nuevo trabajo y buenas perspectivas, decidido a olvidar los malos momentos. Aquel domingo por la tarde, mientras se preparaba el mate con facturas recién traídas de la panadería del barrio, sonó el timbre. Cuando miró por la ventana se quedó petrificado. Parado en la puerta estaba el perro. Indignado no respondió al llamado. -Te huelo, gil. Sé que estás en casa- gritó el can. Y continuó -No me vas a decir que te enculaste con lo de ese día. ¡¡Abrí, marmota, o me quedo aullando toda la tarde!! Sergio dudó un instante pero al final cedió y abrió la puerta, lo mataba la curiosisdad. Como un rayo el perro se coló en la casa y se acomodó en el sillón.
-Mirá, pibe- comenzó diciendo- el rengo se murió y me dejó en banda, ando como el culo. Necesito una mano -. A todo esto ya se había comido una docena de medialunas. Sergio, sorprendido, no supo qué decir. Y el perro, luego de sorber un mate, siguió: -Estoy mal, quizá me equivoqué con vos y te pido disculpas por eso. Vengo a ofrecerte un negocio.
- ¿De qué se trata?- preguntó Sergio tratando de no demostrar interés. -Mirá, preparé un espectáculo de "stand up"....vos me presentás y me servís de pie para los chistes y yo hago un monólogo sobre la vida de los perros. Vamo y vamo con la guita... Nos salvamos, Sergio. Nos bañamos con champagne y putas por el resto de nuestras vidas y la tuya va a ser más larga.
Sergio pensó unos instantes y recordando la frase que dice
"el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra", se levantó y echó violentamente al perro de su casa quien solo atinaba a decir: - Pará.... no seas jodido, dame algo para la birra, dale amargooooo-.
Cerró la puerta y se sintió aliviado. Esta vez había hecho las cosas atinadamente.
A la semana siguiente mientras miraba un noticiero escuchó: "En instantes, en vivo, el perro que habla". La ansiedad lo devoró por dentro. Luego de una interminable publicidad apareció el muy hijo de puta con un micrófono diciendo:
-Buenas noches.....antes que nada quiero que me traigan tres perras y me preparen un fernet con coca bien cargado, luego quiero mandar un saludo a mi amigo Sergio que no pudo venir porque es un boludo importante que vive leyendo frases y tiene menos calle que Venecia-.
Dedicado a S.T.