16/12/12

Cartas del arcón de la mente

 

CARTA DE JUAN

Te pasa rápido la vida, pero sin embargo te encuentra siempre pensando que es un borrador. Creés tu fantasía, te ilusionás con que te van a dejar vivirla de nuevo, que podrás enmendar errores y aumentar la intensidad, que vas a revivir cuando estabas enamorada y lo vas a capturar para la eternidad. Nada de eso. Siento decirte que el borrador no existe, todo se hace sin back up y on line para usar términos modernos. O sea que lo sufrido... sufrido y lo no vivido, no fue. Pero sabés, no quiero ser deses-peranzador. Quiero que entiendas algo que es muy sencillo pero que se nos esconde a primera vista. No pienses demasiado, reaccioná a la idea de que de alguna forma, extraña pero real, podés encontrar
el sosiego, y no hablo del sosiego de la parálisis o del encierro cómodo, hablo del sosiego de la plenitud. Si estuviste tan mal, y ahora respirás un poco mejor, ¿por qué no creer que es posible?. Si el odio te nubló la razón y hoy solo es un mal recuerdo, ¿por qué no creer que es posible? ¿Para quién guardaste tu sensibilidad? ¿A quién le vas a dar lo que tenés? ¿Con quién vas a vivir tus sueños?  ¿No sabés? ¿Todavía no te sucedió?  ¿Qué esperás, Marcela?

CARTA DE MARCELA

¿Quién sos, Juan?. ¿Cómo sabés tanto de mí si no te conozco? ¿Sos parte de lo que me tiene que suceder? Yo me hago las preguntas que vos mencionás pero no tengo aún las respuestas, no creo mucho en esas cosas mágicas, soy más bien realista y la realidad no fue generosa conmigo, ¿por qué debería creer? Lo que escribís me hace bien, pero convengamos que no es cierto. No sucede. Es como leer un libro de autoayuda. Si fueran efectivos, todos los que los leen, pasarían a la categoría de “gente feliz” y eso, querido y misterioso Juan, no pasa.

CARTA DE JUAN

Lo que vos no quieras que suceda no te sucederá y aún si sucediera no lo verías, como no me ves a mi, como no me viste nunca, como no me vas a ver jamás. Aunque haya estado todo este tiempo a tu lado.





28/11/12

Telaraña

Un asesinato por encargo más y dejaba. La edad y sobre todo esa vida tan alejada de la normalidad estaban haciendo mella en su cabeza. Como siempre recibió un sobre y dentro, la habitual fotografía de la víctima, esta vez una mujer de unos sesenta años que seguramente en su juventud habría hecho estragos con su belleza y esos ojos desafiantes. Lo diferente era que en lugar de una locación precisa al dorso tenía coordenadas y unas palabras escritas con letra temblorosa, "no caer en la telaraña". Cargó el GPS, un bolso con ropa para unos días, efectivo suficiente para no dejar rastros y el arma.  Colocó un par de compactos con música de los Beatles. Se sabía todas los temas de memoria y los canturreaba desafinadamente. Luego de varias horas de manejar por rutas desiertas bajo un sol implacable se acercó al lugar indicado. En el GPS no figuraba nada a excepción de la ruta, pero él veía claramente una estación de servicio y algunas construcciones más, entre ellas una especie de hotel viejo y pequeño. Bajó del auto y observando a su alrededor notó algo que lo inquietó. El lugar no parecía haberse quedado en el tiempo, decididamente parecía que él estaba en otro tiempo. Publicidades, peinados, ropa, autos y actitudes lo remontaban a fines de la década del sesenta. Tuvo un mal presentimiento. Entró al hotel. La misma sensación. Un tipo de su edad en la recepción, un par de ventiladores viejos echándole aire caliente. Lo registró de mala gana. En un sofá, una chica de unos veinte años leía ensimismada una revista Radiolandia. Al instante sus ojos se encontraron con los de ella. Esa mirada parecía una súplica. Decididamente algo no andaba bien. Debería terminar con el encargo y salir de ese lugar de mierda. Era tarde y estaba cansado. Pasó de largo la cena y se fue a la habitación. Se desplomó en la cama. De madrugada se despertó sobresaltado. Escuchaba sordamente "Guitarra vas a llorar", uno de sus temas preferidos. La música se acercaba a sus oídos. De pronto, ella, la joven del sofá junto a una vieja radio portátil invadieron su habitación. Con la rapidez de una pantera se desvistió y se metió entre sus sábanas. Recordó el mensaje que hablaba de la telaraña pero al fin y al cabo ese cuerpo fresco e inquieto le ganó la pulseada a la razón. Era la primera vez que le sucedía. Cogió como nunca. Se dejó llevar, durante el día recuperaría la cordura, pensó. Así como llegó, en un par de movimientos, ella y su radio se fueron. Durmió, exhausto, un par de horas más. Bajó, desayunó pausadamente mientras el tipo de la recepción regañaba a la chica que imperturbable seguía tirada en el viejo sofá absorta en sus lecturas de fotonovelas. Todo muy bizarro. Demasiado. Se incorporó y fue directamente hacia el dueño. Con cuidado le mostró la foto, debía comenzar con su encargo. Percibió una mueca de espanto en él cuando la vio pero al instante se recompuso y negó reconocer a la mujer.  Mala señal.
Durante un par de días que se hicieron muy largos no pudo avanzar nada. Y por las noches, la misma escena. Ella, la radio y el sexo frenético. Se sentía tan pleno como confundido.  Una noche la joven se sinceró. Le habló de su padre, el viejo de la recepción. Le contó del abuso a la que la sometía desde que su madre murió. Le rogó que se la llevara de ese pueblo fantasma.
Se estaba complicando ya que no veía cómo cumplir el encargo y por otra parte ella lo estaba volviendo loco. Loco de deseo. Al día siguiente decidió complacerla. Previamente le pegó un par de balazos al padre abusador y se la llevó con él. Ya vería cómo manejaba el tema del trabajo incumplido. Salieron velozmente del pueblo. Se sentía seguro y animado con la aventura. Nuevamente sonaban los Beatles.
Paró en una estación a reponer combustible, mear  y comprar algo para que ambos comieran. Cuando volvió y se sentó al volante se le heló la sangre. La chica había envejecido.  Reconoció en ella a la mujer de la foto. También se recordó a sí mismo escribiendo tembloroso algo sobre una telaraña. Y esa voz gruesa, inconfundible. - "Dale imbécil, arrancá de una vez. No vamos a llegar nunca a casa si seguís pelotudeando en cada parada. Y sacá a esos Beatles de mierda de una vez, me tienen seca."

6/11/12

Ruleta Rusa ( refrito absoluto)

Vladimir pegó una fuerte pitada al puro. Se llevó el revólver a la sien. Nadie podría intentar describir un momento como éste en palabras. Pero si no lo hago yo, no hay relato. Miles de imágenes pasaban a velocidad por su mente. Lo cierto es que se estaba quedando solo y decidió que él no se la iba a arrebatar. Por eso aceptó la inconcebible propuesta de jugar ruleta rusa. Para no quedarse solo. Tal vez, la suerte echada en cinco chances sobre seis, le fuera favorable. O no. Con apretar una vez el gatillo se podría volar la sien. Transpiraba copiosamente. El sudor y el humo le nublaban la vista. Pero sabía que enfrente suyo, en la misma mesa, Anatoli esperaraba ansiosamente su turno. O no.Y más allá, recostada, Irina. Ella era el botín del juego mortal. Se concentró en el presente y comenzó a apretar el gatillo.....
Anatoli miraba intensamente a su hermano. Estaba llevando el revólver a su sien. Lentamente. Vladimir, por ser el mayor, tenía la desgracia de tener el primer turno. Él solamente tenía que aguardar el resultado: o el rostro de su hermano desencajado de alivio o sus sesos esparcidos por la mesa. Vladimir vivo esperando que él muera o Vladimir muerto e Irina definitivamente suya. Todo acontecía dramáticamente en cámara lenta. Si bien el odio en estos momentos  los cegaba,  comenzaba a sentir cierto arrepentimiento. Al fin y al cabo era su hermano. Su único familiar vivo. Por el momento, claro. -Maldita Irina. ¡Maldita perra!- Se concentró en el presente tratando de burlar al destino...
En el exacto  momento en que Vladimir gatillaba, Anatoli caía sobre él con la intención de desviar la bala que nunca se disparó. Rodaron por el piso riendo estruendosamente  y a los besos. Ya se ocuparían de Irina......uno la pasearía diariamente y otro la llevaría al veterinario. Ya verían.



Versión que no prosperó


En esta versión Anatoli y Vladimir juegan ruleta rusa. Pierden todo su dinero cuando Irina, la croupier,
"canta" dos нулевой ( cero)  seguidos. Anatoli y Vladimir se suicidan. Irina renuncia y pone un parripollo en Kiev.




16/10/12

Día de perros (remix-refrit)

Sergio tenía debilidad por las frases célebres. Por eso cuando leyó que Einstein había dicho que repetir siempre los mismos actos y esperar resultados distintos era el primer paso hacia la locura, no dudó un instante y a partir de ese día hizo varios cambios en su rutina. Para empezar, cambió la línea de colectivo con la que iba a la oficina. Tendría que caminar un poco más pero no le importaba. El primer día del cambio no lo iba a olvidar el resto de su vida. Era un lunes. Cuando dobló la esquina para llegar a la parada, en una casa que parecía abandonada, lo vio. Un perro hermoso asomándose por una derruída ventana. Se acercó para mirarlo cuando de pronto el perro le habló: -¿Qué mirás, puto? Sergio, totalmente sorprendido, miró para todos lados y no pudo ver a nadie más. Solo el perro y él. Se le hacía tarde y era un tipo puntual por lo que dejó las dudas para otro día. Pasó la semana y no volvió a verlo. Pero el lunes siguiente, al doblar la esquina, nuevamente estaba en la ventana. Se acercó y el perro volvió a hablarle: -Flaco, vos no sos más boludo porque no tenés tiempo...rajá gil-. Era demasiado, comenzó a tocar timbre en la casa una y otra vez hasta que, molesto, el perro dijo:  -El rengo es sordo, pelotudo-.  Como la puerta estaba abierta se metió en la casa. En la cocina se encontró con un hombre viejo que efectivamente rengueaba y era un poco sordo. Para ese momento Sergio ya había decidido faltar a la oficina y se tomó todo el tiempo para develar el misterio. El hombre le contó que varias personas le habían comentado que el perro hablaba, pero que como él no lo escuchaba, nunca le dio importancia. A partir de esa conversación con el hombre más algunas charlas con el perro, Sergio decidió renunciar al trabajo y dar rienda suelta a su ambición pensando que si lograba llevar al perro a la televisión podría ganar fortunas. Pero el animal sistemáticamente se negaba diciendo: -Ni loco voy a la televisión pibe, dejame de joder las pelotas.
Sergio era persistente y además había leído esa frase que dice que el tren pasa solo una vez en la vida y hay que subirse como sea. Logró que el sordo convenciera al perro y programó una reunión con la productora de un canal importante. A cambio, el perro le pidió diez mil dólares de anticipo.
Finalmente el día llegó y Sergio desbordaba de ansiedad. Pidió un taxi para pasar a buscarlos y al doblar la esquina.....(acá me detengo un momento, creo que tanto uds, como yo a esta altura pensamos que el sordo y su mascota deberían estar bien lejos con la guita, pero no ).....los vio en la puerta preparados para el momento.
El ridículo que hizo Sergio ante los productores fue gigante. El perro jamás dijo una palabra. Es más, casi muerde a una secretaria.  En el taxi de vuelta no podía consolarse y se maldecía a si mismo por su papelón.
Le gritaba una y otra vez al perro que parecía estar en otro mundo. Al llegar, harto de las recriminaciones el perro volvió a hablar: -Disculpame, pibe, no tenía ganas de hablar. ¿O acaso nunca tuviste un día de perros, boludo?
 -¿Y la guita?-preguntó Sergio.
 - Me la gasté en putas- respondió el can antes de meterse en la casa.

Unos años después


Empecinadamente Sergio seguía con su devoción por las frases.En cierta forma le ofrecían un refugio. Después del desgraciado acontecimiento con el perro escuchó aquella que dice "lo que no te mata, te fortalece". Y ahí estaba de nuevo con esa ingenuidad que lo acompañaba en la vida con un nuevo trabajo y buenas perspectivas, decidido a olvidar los malos momentos. Aquel domingo por la tarde, mientras se preparaba el mate con facturas recién traídas de la panadería del barrio, sonó el timbre. Cuando miró por la ventana se quedó petrificado. Parado en la puerta estaba el perro. Indignado no respondió al llamado. -Te huelo, gil. Sé que estás en casa- gritó el can. Y continuó -No me vas a decir que te enculaste con lo de ese día. ¡¡Abrí, marmota, o me quedo aullando toda la tarde!! Sergio dudó un instante pero al final cedió y abrió la puerta, lo mataba la curiosisdad. Como un rayo el perro se coló en la casa y se acomodó en el sillón.
 -Mirá, pibe- comenzó diciendo- el rengo se murió y me dejó en banda, ando como el culo. Necesito una mano -. A todo esto ya se había comido una docena de medialunas. Sergio, sorprendido, no supo qué decir. Y el perro, luego de sorber un mate, siguió: -Estoy mal, quizá me equivoqué con vos y te pido disculpas por eso. Vengo a ofrecerte un negocio.
- ¿De qué se trata?- preguntó Sergio tratando de no demostrar interés. -Mirá, preparé un espectáculo de "stand up"....vos me presentás y me servís de pie para los chistes y yo hago un monólogo sobre la vida de los perros. Vamo y vamo con la guita... Nos salvamos, Sergio. Nos bañamos con champagne y putas por el resto de nuestras vidas y la tuya va a ser más larga.
Sergio pensó unos instantes y recordando la frase que dice "el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra", se levantó y echó violentamente al perro de su casa quien solo atinaba a decir:  - Pará.... no seas jodido, dame algo para la birra, dale amargooooo-.
 Cerró la puerta y se sintió aliviado. Esta vez había hecho las cosas atinadamente.
A la semana siguiente mientras miraba un noticiero escuchó: "En instantes, en vivo, el perro que habla". La ansiedad lo devoró por dentro. Luego de una interminable publicidad apareció el muy hijo de puta con un micrófono diciendo:
 -Buenas noches.....antes que nada quiero que me traigan tres perras y me preparen un fernet con coca bien cargado, luego quiero mandar un saludo a mi amigo Sergio que no pudo venir porque es un boludo importante que vive leyendo frases y tiene menos calle que Venecia-.


Dedicado a S.T.

24/9/12

No me dejen solo (remix -refrit)

Mario se despertó. El radio reloj no emitía la música suave que él programó para despertarse con cierta paz. A cambio, un ruido grosero que apagó de inmediato. Se desesperezó a gusto en esa cama enorme delatora de su soledad. Se vistió despacio. Desayunó lentamente. Le extrañó no sentir los ruidos habituales de la ciudad que se colaban en su departamento. Para su sopresa pudo sentir el canto vivaz de unos pájaros. Prendió el televisor. No pudo sintonizar ningún canal. Ya se quejaría luego con el operador de cable al volver de la oficina. Cuando salió a la calle se sintió extraño. Vacío y soledad. Coches abandonados en la avenida. Ningún ser humano. Apuró la marcha angustiado. Nadie por aquí, nadie por allá. Todo parecía detenido en el tiempo. Estaba solo. Nadie a quien preguntar. Hombre cumplidor y respetuoso de su trabajo caminó hacia su destino. Supo siempre que esa era una inútil aventura. Pero necesitaba entender lo inentendible. El silencio era atroz.......demoledor. Se sentó en una plaza vacía de gente, llena de palomas. -Y ahora ¿qué?- pensó. El día era soleado, la temperatura agradable pero esta inexplicable situación lo puso al borde del llanto. ¿Será un sueño?. ¿Donde fueron a parar todos? ¿Seré el único humano vivo en el planeta? ¿Por qué yo?
Un miedo fulminante se apoderó de Mario y decidió volver a su casa. Al fin y al cabo sería un refugio. Pasó por un supermercado donde compró, en realidad se apoderó, de víveres para atrincherarse un tiempo hasta decidir qué hacer. Luego corrió asustado. Así permaneció unos cuantos días casi acostumbrándose a la nueva realidad apagada por lágrimas y bastante alcohol. No intentó ningún movimiento. Se había paralizado. Por las noches los aullidos de perros hambrientos lo atormentaban. Llegado el caso debería procurarse un arma para defenderse. La soledad no le era extraña de todas formas. Era casi un estigma en su vida.
Una de esas tardes mientras dormitaba,  sonó su celular. El corazón se aceleró. En la pantalla del aparato veía el nombre de su ex-mujer. Atendió.
 -Laura, ¡¡¡¡¿Estás viva? ¿Viste lo que está pasando?!!!!-
La respuesta fue contundente.
-Sí, imbécil, para tu desgracia estoy viva. A ver qué excusa tenés este mes para no depositar la cuota alimentaria. ¿eh?-                              

2/9/12

El anillo azul

Llovía torrencialmente y por el color del cielo parecía que sería para siempre. Juan miraba por la ventana y no pudo evitar una sensación de tristeza. Y de tristezas sabía Juan. El recuerdo de aquel fatídico día cuando luego de varios meses de amenazas y angustias el banco ejecutó la hipoteca de la casa de sus padres. Juan con apenas trece años fue testigo sufriente del desalojo de su familia y la ruina de su padre que jamás se rehizo. El orgullo del viejo fue aniquilado y entregado al alcohol.  De su padre sólo le quedó un amargo recuerdo y un anillo azul que todavía usaba. Así creció Juan, sin padre y con odio. Con ese odio que otorga poder. Hizo del estudio una trinchera y ahí se refugió logrando todos los títulos en Economía que estaban en su camino. Doctorados en el exterior y renombre en el mundo empresario fueron llegando naturalmente.
Juan seguía mirando la lluvia desde el piso 19 de su inmensa oficina en el edificio de uno de los bancos más grandes del mundo globalizado. Ya había sido elegido Presidente de la Junta y hoy expondría ante los principales accionistas. El mundo estaba frente a otra crisis y su palabra era muy esperada. Las vueltas del destino, hoy podría dejar sentado en su discurso su pensamiento y pasar del odio silencioso a la acción. El momento esperado.
-Doctor, ya es hora- le dijo su secretaria. Juan se incorporó, tomó una carpeta y se dirigió sereno a la reunión. Entró con paso firme al salón pensando que nadie imaginaría ni una de sus palabras, miró esas caras gordas, con trajes costosos y relojes que bien podrían valer una casa. Se acomodó en un pequeño atril y apoyó su carpeta. Miró fijamente a la concurrencia y cuando se disponía a hablar sintió una rara sensación. Como si alguien se hubiera metido en su ser.
-Señores accionistas, -comenzó- el mundo se enfrenta a una crisis sin precedentes y las protestas de ciertos sectores hacen pensar que se quiere hacer pagar la misma a los bancos y no a los irresponsables que tomaron créditos que no podían pagar. ¿Somos acaso organizaciones de caridad?
De ninguna forma. Hay que impedir que los medios de comunicación se asocien a estas demandas y debemos seguir con las ejecuciones. Toda esta gente que hoy grita en las calles, en un par de años, cuando la crisis haya pasado y retorne el crecimiento, va a volver a necesitar dinero para sus pequeños proyectos. No duden que volverán a pedírselo a los bancos. A nuestro banco, que hace siglos se mantiene sólido porque no presta emociones sino dinero, porque luego no perdona sino que ejecuta.
La gente prefiere tomar cerveza, charlar con amigos y tener tiempo de ocio a trabajar más para pagar sus deudas. Así fue siempre y así seguirá siendo. La diferencia es que la gente será otra y el banco, el mismo.
Aplausos de píe fueron el colorario a sus palabras. Juan se retiró triunfante a su oficina.

-Lo felicito, Doctor, ya se comenta que estuvo brillante - lo atajó su secretaria -Si me permite una observación, le diría que ese anillo no se ajusta a su imagen.
-Es verdad, tenés razón...- respondió Juan sacándoselo y tirándolo en un cesto- no tiene que ver conmigo.

23/8/12

Cielo S.A.

Estamos en el cielo. No intenta esa primera frase describir el estado de ánimo de quien esto escribe sino de situar con precisión dónde se desarrolla el relato. Estamos en el cielo. Las cosas no andan bien por ahí, casi podría decirse que se desmadraron pero sin llegar a ser un infierno. Esto último sería una paradoja brutal que dejaría a muchos sin trabajo. El tema pasa porque Dios es omnipotente y no se trata. Digo, no se hace ver por un especialista. Para ser más sencillo se rehúsa a ver a un psicólogo para tratar su omnipotencia. Porque convengamos que una cosa era manejar a Adán, Eva y un puñado de hijos y otra bien distinta a los casi siete mil millones de seres humanos que no cesan de pedir y pedir. Como en cualquier empresa.
Por tanto stress comenzaron los errores con sus daños colaterales. Un tsunami mal puesto arrasando a un pueblo de creyentes, algunas monjas violadas mientras algunos hijos de puta solo acumulan triunfos o un penal atajado por un arquero ateo. Todo mal.
En su infinita sabiduría Dios propuso a los ángeles (supongo que son una especie de gerentes) que preparen sus propuestas para una "tormenta de ideas" a desarrollarse en poco tiempo con la idea de solucionar esta complicación. Luego de intensos preparativos, finalmente, el Todopoderoso pudo escuchar, entre bostezos, algunas ponencias de escasa utilidad: Que no delega, que no les tiene confianza, que no se abre, que no transmite adecuadamente su sabiduría, que no define los roles de cada ángel, que es poco motivador, que se cree que las sabe todas (ésta le molestó particularmente), que con el demonio estaban mejor,etc etc. Todas críticas y casi ninguna propuesta. Como en cualquier empresa. Cuando ya estaba dispuesto a cerrar la reunión un ángel de los más jóvenes sostuvo que el problema era que la humanidad había sido castigada ya por demasiado tiempo por el pecado original y que Dios debería dictar alguna especie de jubileo y perdonar ese pecado liberando a la humanidad de tremendo flagelo, reinsertándola nuevamente en el Edén. Quedaron todos pasmados y Dios boquiabierto. La idea fue aprobada entre gritos de alegría y puesta en marcha de inmediato. Como en cualquier empresa.

Al poco tiempo la población humana se redujo considerablemente, muchos se suicidaron por la falta de televisores. Otros, por caso los japoneses, porque no estaban preparados para no tener que trabajar  pero la gran mayoría sucumbió por la depresión que les originó no estar preparados para el placer. El joven ángel fue despedido con causa y está en juicio contra Dios. Ya puso una oficina como consultor. Como en cualquier empresa. Dios sigue al mando y equivocándose. Como en cualquier empresa.


12/8/12

Ese gesto cautivante

Se miró al espejo sin aprobarse y decidió cambiarse una vez más. Esa ropa lo hacía más viejo y para el encuentro de esa noche necesitaba mostrarse joven y radiante. Cuando el gordo Romero lo llamó y le dijo que el viernes se encontrarían con los compañeros del secundario no se entusiasmó en demasía, pero cuando le dijo que Graciela estaba en Buenos Aires y con seguridad asistiría a la reunión, le explotaron uno a uno todos sus recuerdos. Estuvo una semana entera con las emociones desbordadas. Hacía quince años que no sabía nada de Graciela. El recuerdo de aquellos momentos cuando cursaban el último año del secundario le fue pasando como una película en su mente. Todo empezó en un recreo cualquiera cuando ella estaba sola sentada en un banco y de cara al sol. Pese a que la conocía desde que empezaron jamás había reparado en ella. Lo cautivó. Lo enamoró. Luminosa, se estiraba como desesperezándose resaltando sus pechos. Ese gesto luego se repetiría en muchas mañanas. Ahí fue  cuando se desató su pasión y comenzó su ilusión. Fue un año entero el que vivió en un ensueño total. Un sueño que tenía promesas de una vida entera de amor. El placer de la relación era inimaginable. Pero al terminar el curso la familia de Graciela decidió radicarse en Canadá. Y como si nunca hubiera existido, Graciela desapareció de su vida. Durante quince años anduvo perdido, preguntándose el porqué, añorándola, deseándola y llorando su ausencia. Volvió a verse en el espejo. -Ahora sí- se dijo. Podía ir esa noche con la seguridad de que Graciela se daría cuenta de lo que se había perdido todos estos años. La volvería a conquistar.
Llegó tarde a sabiendas de que sería mirado por todos y especialmente por Graciela. Se paralizó cuando la vio. La misma belleza, el mismo gesto que recordaba de aquellos años, intacto. Pero se frustró cuando al saludarla ella prácticamente lo ignoró. Tuvo que sentarse un poco lejos y la buscaba frenéticamente con la mirada. Nada. Durante algunos minutos estuvo pensativo y de golpe se paró, extrajo el arma y le disparó justo en el preciso momento en que el gordo Romero se cruzaba por delante. El gordo, ante el horror de todos, cayó fulminado sobre la mesa.
Él no habló durante el juicio. Graciela declaró que siempre le había parecido un tipo raro, de esos que siempre miran. Tampoco habló durante todos los años que pasó en la cárcel. Nadie supo por qué mató a su mejor amigo. Graciela volvió a Canadá a proseguir su vida y prontó olvidó el asunto... aunque algunas veces cuando se desesperezaba por la mañana tenía una rara sensación.

22/7/12

Acoso

Aquel día cuando el hijo de puta de Fernández, el gerente de Administración, su jefe, le tocó el culo al pasar fue el que marcó para siempre su vida. Mabel, separada y con un hijo que alimentar porque la alimaña de su ex-marido despareció una noche, necesitaba ese trabajo como el aire que respiraba. Ella lo tenía claro, tan claro como Fernández, su asqueroso jefe. El problema es que el tipo era la estrella de la empresa, yerno del dueño, un manipulador eficiente que se había convertido en intocable. Estaba en una encrucijada. O se jugaba como una mujer plena por sus derechos y mandaba a la parrilla a su jefe corriendo el riesgo de perder su trabajo o aguantaba mientras pensaba en un plan alternativo. La impotencia y el miedo pudieron más y se las aguantó.
Esto derivó en que los acosos se volvieran más frecuentes y más osados. Su asco fue en aumento al igual que su sufrimiento que solo atemperaba un poco los viernes a la tarde pero se hacía insostenible los domingos al anochecer cuando se acercaba, inexorable, el regreso al trabajo. Uno de esos domingos, uno más, tomó la decisión. Y si algo tenía Mabel era la absoluta determinacióm de cumplir con sus decisiones.
A esta altura del relato todos se preguntarán sobre cuál era la determinación de Mabel. Comprendo la ansiedad, respiro y les cuento. Mabel había decidido fingir aceptar las propuestas de Fernández, dejar que la llevara a un hotel y antes de que el infeliz lograra su cometido, cortarle el miembro. Así de terminante. Su hijo hallaría refugio con sus atribulados padres y algún día sabría la verdad. Y la perdonaría. Siempre me pregunto cómo los seres humanos llegan a esas determinaciones tan drásticas, pero cuando escucho a mi vecino por enésima vez armar una batahola de madrugada creo que tengo allanado el camino a esa respuesta. Vuelvo al relato.
Mabel pudo ver el brillo de satisfacción en los ojos de Fernández cuando finalmente aceptó. Se le revolvió el estómago pero se contuvo pensando en el afilado cuchillo que tenía en la cartera. Llegados a la habitación del hotel, para tomar coraje se instaló en el baño un buen rato para encomendarse a vaya a saber a quién se encomiendan los ateos. Se desnudó y escondió el cuchillo en un toallón. Fernández la esperaba con su anatomía al aire sentado en la cama. Antes de que pudiera decir algo, el tipo comenzó a despacharse entre sollozos sobre su estigma. Ella, asombrada, escuchó todo el relato. El relato de su impotencia. Tanto hablaron los dos, abrazados y llorando que les dio hambre. Fernández sacó de su portafolios un salame, Mabel su cuchillo.



10/7/12

Humberto 3 a.m.

-...y finalmente ella suspiró y no pudo evitar el llanto -cuando Humberto escribió la frase de su nuevo relato sintió un dolor en el pecho y luego sus ojos comenzaron a lagrimear sin control. Siguió con su escrito  -aún conmovida se incorporó y con la poca energía que le quedaba le hundió el cuchillo en el abdomen.-Humberto tuvo que dejar de escribir porque un fulminante dolor lo paralizó. Para más datos el dolor era en su abdomen.
Al principio atribuyó el extraño hecho a alguna angustia que se liberó de repente, pero pronto comenzó a comprobar que cada vez que los personajes de sus relatos atravesaban situaciones físicas o emocionales, éstas se le replicaban en su propio ser. Fue sobrellevando la situación con asombro aunque interfería notablemente con su escritura. Solo para comprobar lo insólito del fenómeno, Humberto comenzó a jugar con sensaciones que él mismo deseaba experimentar. Algo mágico hacía que escribir y sentir se fusionaran.
Así fue como de repente sus personajes se lanzaban en paracaídas y él sentía ese vértigo tan especial o tenían terribles erecciones o estallaban en éxtasis ejecutando un instrumento musical. Los relatos parecían ser un cúmulo de personajes que daban rienda suelta y sin inhibiciones a todos sus deseos sin que las historias tuvieran sentido, ni desenlace. Ya no importaba. Solo quería ahondar y jugar con ese poder al que no le encontraba explicación alguna. Tampoco la buscaba. Lo único que importaba era apostar cada vez más fuerte. Vivir las emociones al límite.
-Y llevas el caño a tu sien apretando bien las muelas, y cierras los ojos y ves todo el mar en primavera. Bang, Bang. Bang. Hojas muertas que caen, siempre igual, los que no pueden más se van*- cantaba el personaje de su último relato. Relato que Humberto, por obvias razones, no alcanzó a terminar.


Dedicado a H.D.
* Letra extraída de Viernes 3 a.m. de Serú Girán.