27/4/11

20 años no es nada

Alberto se despertó. Se sentía cansado y dolorido. Abriendo los ojos podía reconocer la habitación de su departamento pero no el contenido. La pintura se veía vieja y descascarada cuando él tenía la certeza de que recién lo estaba estrenando con su familia. ¿Seguiría soñando? Tampoco reconocía los muebles y menos ese extraño y enorme monitor que colgaba del techo. ¿Sería un televisor?. Comenzó a inquietarse. Reparó en sus manos. Lucían arrugadas y delgadas. Se levantó asustado y corrió hacia el baño. La imagen que le devolvió el espejo fue impactante. El susto mutó en pánico. Con el rostro desencajado fue hacia a la cocina.
Una mujer rubia de mediana estatura  cuya cara era la misma de la de su mujer pero completamente estirada, con los  labios más gruesos y vestida con calzas deportivas, delgada pero deforme, lo atajó. -Ayyy, Alberto, ¿qué te pasa?. Acordate que tenés que llevarme el coche al mecánico y de pasar por el super para la compra del mes. Yo después de yoga tengo terapia y después me voy a la clase de teatro-. Y se fue. Alberto quedó petrificado. ¿Qué le estaba pasando?.
Fue arrastrándose hacia el comedor. Una chica con audífonos y el pelo de color rojizo lo encaró- Ay, pa, qué cara tenés hoy, tipo que viste un fantasma. Voy a usar la tarjeta para ir al shopping . Daaaaale paaa.
¿Era su hija Viviana? Tenía más de veinte años. Se agarró la cabeza y volvió al dormitorio. En el pasillo se cruzó con un tipo grandote vestido con la camiseta de Lanús. Fue demasiado. Le agarró taquicardia.  Toda su familia era fanática de Banfield. Y ese hombre parecía Tomy, su propio hijo.
Se encerró en el dormitorio aturdido, con naúseas y escalofríos. Trató de encender el enorme televisor de extraño monitor plano mientras sentía una melodía pegajosa que provenía de algún cajón. Pasó por cientos de canales y recién luego de ver una noticia pudo entender que estaba en el 2011.  Los que parecían ser sus hijos golpeaban a los gritos la puerta del dormitorio. Él apenas podía con la idea de que se había transportado 20 años en el futuro. El sonido que provenía del cajón lo enloquecía. Extrajo el pequeño aparato que vibraba y emitía el sonido.  Una especie de telefonito celular, pensó. Dijo:  -Hola-. Del otro lado la inconfundible voz de su amigo Dante.  -Alberto, sos pelotudo ¿o qué? Te estoy esperando hace una hora en el bar. ¿Me dijiste que querías hablar, o no? Estoy  preocupado, hermano,  me dijiste que te habían robado 20 años de tu vida y no sabías porqué.

23/4/11

Dejando marcas

Guido tenía la sensación de que ese día no se lo iba a olvidar nunca más. Repasó los hechos mientras manejaba a más de 160 km/h por la autopista. Precisamente lo primero que hizo fue dirigirse temprano a la concesionaria a retirar su 4 x 4 Hummer 6.0  V8 Luxury Super Charger. La misma que disfrutaba en estos momentos. Bebió el último sorbo de Red Bull y arrojó la lata vacía por la ventanilla. Eran cerca de las nueve de la noche. Siguió recordando. Al mediodía  fue a almorzar al Hotel Four Seasons donde concretó un negocio millonario con empresarios chinos. Un negocio que había paladeado durante meses. Traería productos chinos subfacturados. El soborno a la gente de la Aduana estaba también cerrado. Ganaría fortunas y de paso hundiría la fábrica de su hermano. Ese mismo que un día delante de sus padres le dijo que era un hijo de puta sin escrúpulos. Nunca volvieron a hablar. Luego de comer se quedó en el hotel. Se quedó en una habitación esperando a la hija de su socio. La pendeja tenía veinte años, la mitad de su edad.  Se la pasaban cogiendo. También compartían algo de cocaína.  Luego se fue de compras a gastar a cuenta. Estaba eufórico. Un par de trajes de Armani, zapatos Ferragamo. No olvidó a su mujer que ese día cumplía años y estaba embarazada de su tercer hijo. Un costoso reloj Cartier con diamantes para ella.
De pronto un ruido contra su paragolpes. -Maldito perro de mierda- gritó. Detuvo la marcha al instante y se bajó para comprobar daños de su flamante vehículo. El cuerpo muerto de un pibe lo paralizó. Se enfureció.
-Hijo de puta, negro de mierda-  retiró el cuerpo poniendo cuidando en los detalles y lo arrojó a una zanja. No había testigos. Subió a la camioneta tratando de componerse. Hizo algunos kilómetros pero no pudo más. Paró a un costado. Iba a llamar al 911 para hacer la denuncia. Su BlackBerry Bold 9700  sonó antes que él haga el llamado. Era Tatiana, la pendeja. Estaba loco por ella. Se desconcentró y empezó a jugar con la conversación de enamorados. Poco a poco se fue olvidando del incidente. Puso marcha y llegó al Highland Park donde la fiesta de cumpleaños de su mujer lo estaba esperando.
Jonathan estaba muerto de miedo. Bajaba la cabeza frente a los policías. Aprendió a temerles de chico cuando supo que balearon a su hermano. Pero esta vez el padre lo llevó para que diga lo mismo que le había contado a él. Jonathan con sus diez años se había hecho experto en reconocer marcas de autos. Solía pararse a la vera de la autopista y jugaba a adivinar. Vio una camioneta que no reconocía y le llamó la atención. Vio cuando atropellaba a alguien que imprudente, cruzaba la autopista . Vio que se detenía y corrió. Corrió para ver la marca de la camioneta que no conocía, no por otra cuestión. Hummer 6.0 V8 Luxury Super Charger, memorizó. Eso  mismo repitió ante la policía.
Guido no se equivocó con la  sensación de que ese día no se lo iba a olvidar nunca más. Jonathan tampocó se equivocó con el nombre del vehículo.

18/4/11

Henri y la Viuda

Sábado. Un tibio sol  invernal se colaba por las ventanas de su casa donde dormía plácidamente abrazado a su mujer. Unos golpes en la puerta lo despertaron. Se vistió apurado, estaba preocupado ya que su descanso era sagrado. Debía ser importante. Tuvo una breve conversación con dos ceremoniosos funcionarios que demostraban tenerle un exagerado respeto y admiración. Al cabo de unos minutos los hombres se retiraron.
Henri se quedó un rato en sus invernaderos  embelesado por las rosas a la que les dedicaba gran parte de su tiempo libre. Tuvo tiempo también para jugar un rato con sus perros y dsifrutar del sol . Preparó el desayuno para compartirlo con su mujer en la habitación. Entre caricias y besos le contó de su nuevo encargo. Debía ser cumplido de inmediato ya que la situación cerca de Versalles se estaba desbordando. Rosalie, su mujer, asintió con sumisión. Sabía de la importancia del cargo de su esposo ya que su padre también tuvo ese honor. Eso le permitía beneficios y consideración pública que de otro modo nunca hubiera tenido. Aceptaba mansamente las reglas del juego y además sacaba provecho de su situación acomodada. Henri se vistió con la tradicional camisa blanca, corbata negra y sombrero de copa. Era un empleado público puntilloso y detallista en su aspecto. Era inmensamente feliz al lado de su familia como así también un agradecido a la vida por su trabajo.  Al fin y al cabo representaba al Estado. Besó tiernamente a su hija Marcelle que aún dormía y se prometió a que en cuanto volviese todos irían a un hermoso paseo en bicicleta por el campo. Se fue silbando una melodía hasta la estación de tren. Alli lo esperaban sus ayudantes y la Viuda.
En la estación  la gente se había agolpado para recibirlo. Las muestras de efusividad y respeto eran comunes en todos los pueblos que visitaba. Era considerado como un héroe nacional. El mejor y más hábil en su trabajo. Se dirigió con sus ayudantes a la plaza preparada para la ocasión y supervisó cada uno de los detalles. No dejaba nada librado al azar. En más de doscientos encargos había tenido un solo inconveniente que solucionó con presteza. En ese espacio era el dueño de la situación aunque no sacara ventajas personales, se consideraba un simple empleado público al servicio de su país. 
Un hombre desafiante fue conducido a la plaza y depositado en manos de sus ayudantes. Estos cumplieron eficientemente su trabajo. En veintinueve segundos exactos Henri y la Viuda entraron en acción.
La cabeza del hombre cayó limpiamente cortada en un balde.  Luego el balde y el cuerpo sangrante fueron arrojados en una cesta. La multitud enardecida festejó la ejecución. Henri, desprovisto de emoción alguna, anotó en su décimo cuaderno de notas desde que había heredado de su padre el cargo de Verdugo en Jefe de la República: "25 de febrero de  1922, encargo número 254. El reo mostró valentía y no hubo resistencia. Landrú el asesino ya no asolará más a Francia. La guillotina funcionó perfectamente y se logró un corte perfecto en 29 segundos" Cerró el cuaderno, ya ansiaba ese paseo en bicicleta con su hermosa familia.

*La Viuda se denominaba en Francia a la guillotina portable que era propiedad de los verdugos oficiales.
  El último condenado a morir en la guillotina fue en el año 1977. Hasta 1939 las ejecuciones fueron públicas.
  Henri Anatole Deibler  existió realmente y el relato es una figuración de un día en su vida. Uno más de sus 
  cincuenta años como Verdugo en Jefe de la República de Francia.donde efectuó casi 400 ejecuciones incluída  la del famoso asesino Landrú, en 1922.   Gracias  Horacio  por acercarme  información.

14/4/11

La reencarnación de Coco.

El sol se reflejó en su rostro. Abrió un ojo con esfuerzo. El panorama lo aterró ya que estaba en el medio de una veintena de cocodrilos. Algunos lo miraban con miedo y él podía notarlo. Hasta que se dio cuenta de la realidad. Él también era un cocodrilo. Un cocodrilo enorme. Se espantó de tal manera que su cola comenzó a moverse desenfrenadamente. Algunos cocodrilos se corrieron. Estuvo en shock unas horas.
Descubrió que se encontraba en una especie de zoológico. La gente lo miraba desde arriba y escuchaba sus voces en inglés.
Lo último que recordaba de antes de esta vida anfibia era un hospital. Hasta ahí había llegado por un accidente automovilístico. El rostro de su mujer llorosa que le aferraba la mano. Una luz blanca potente y nada más. Hasta que se despertó como cocodrilo. En vida, o mejor dicho en su otra vida, todo el mundo le decía Coco. Ironías de la reencarnación, pensó. Porque ya había concluído que había reencarnado. Obviamente no podía hablar, ni hacer señas......solo pensar y escuchar todas esas voces en inglés, idioma para el que siempre fue un negado. Lloró muchas amargas horas. Lágrimas de cocodrilo, claro. No podía dejar de pensar en lo que siempre le decía su mujer. -Coco, vos tenés un cocodrilo en el bolsillo, querido- O las frases de Jorge, su amigo del alma- Cocodrilo que se duerme, cartera-.
Los días eran interminables, la cabeza no paraba de pensar al mismo tiempo que su cuerpo de cocodrilo hacía todo lo que un animal de su especie hace. La comida era abundante y variada aunque de baja calidad. Comprobó que el apareamiento dura un minuto y que para su desgracia machista, era hembra y el tema era doloroso. Ni siquiera tuvo la fortuna de reencarnar en un conejo macho. Todo transcurría, digamos, normalmente, si es que esta situación puede considerarse normal. Hasta que un día vio entre la gente que visitaba el estanque a su amigo Jorge. Nada pudo hacer para llamar su atención. Se movía furiosamente. Jorge lo miraba y parecía llamar a alguien. La gente comenzó a juntarse para ver el espectáculo que daba Coco, perdón, el cocodrilo, agitándose de un lado a otro. Una mujer se acercó a Jorge y lo besó tiernamente en los labios mientras él le tomaba la cintura atrayéndola. La mujer de Coco. Su mujer.
Nadie puede explicar aún en el acuario de Miami cómo un cocodrilo hembra pudo llegar hasta la baranda y masticarse sin contemplaciones a un turista argentino. Tampoco por qué, en el momento de ser sacrificado, el cocodrilo parecía sonreir.

11/4/11

Pensamiento masculino

Leer previamente  Pensamiento Femenino de  Malena
(haciendo click en su nombre accederán a su blog "Yuyo del
suburbio")



Puta madre...no hacemos un gol ni con la orden de un juez............
Uy, mirá quien entró. Está sola. No lo puedo creer, ¡está solaaaaaaa!!!
Esa pollerita como me calienta. De donde sacó esas tetas....por favor!
¿Me miró? ¿Me parece a mí o me miró? Si me mira otra vez es porque le gusto.
Si me mira a la una, si me mira a las dos, si me mira a las tres.
No, no miró.
Como offside!!!

hijo de putaaaaaaaa como anulás el gol la puta madre que te pariooo
Esperá que me acomodo un poco, disimuladamente. Ahí tiene que verme. No la
voy a mirar para no parecer un pajero.
¿Me estará mirando? Me voy a hacer el que pide otra cerveza y de paso la
miro un poco.
Rojaaaaaaaaa? Roja de que? Como lo vas a expulsar por un codazo en el ojo?
Capaz que miró mientras yo miraba a estos burros. Ahora va a pensar que no
me interesa.
Ma' si. Yo la miro de una y que se avive.
Dale, nena, mirame. Dale que me duelen los huevos de tanto mirarte.
Ya sé. Voy al baño. Tengo que pasar por ahí.
Eso. Despacio, actitud de macho. ¿La saludo? No, no, que me salude ella.
Penaaaaaalllllllllllllllllllllllllllllllllllll
..................penallllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllllll
mierda me aguanto minga de baño- Vamos carajoooooooooooooooooooooooo.
Quien va a patear? Uyyyyy no, no me gusta. Está cagado en las  patas.............
Uhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh lo tiro la mierdaaaaaaaaaaa. La puta que te parióoooo
burro irredimibleeeeeeeeeeeeeee. Que noche de mierda. Como que
terminó????????
Bueno a ver si ganamos en otro lado.
No está. ¡Se fue! No lo puedo creer, se fue.
Bue.........con esa pollerita daba muy puta.
Con quien jugamos la próxima?

7/4/11

Asesino de asesinos ( Epílogo )

Carlos se levantó de la cama, se vistió lentamente. Susana hizo lo propio mientras encendía un cigarrillo. Ambos estaban cansados. Ni se miraban; cada uno en lo suyo. Los dos se limpiaron prolijamente las
manchas. Pedro se incorporó, se alisó la ropa y dijo: -Bueno muchachos, hasta la próxima. Me rajo a cubrir el banco que si no me cierran la cuenta. Un beso a Dany, si lo ven.- Carlos y Susana saludaron sin convicción.  Casi cruzándose con  Pedro, Gabriel entró a la habitación. -Hola, hola, ¿cómo va todo? Estuvo buena, ¿no? - preguntó a la pareja.         -Mmmsii, el final se hizo largo pero valió la pena.- dijo Susana mientras se pintaba los labios, -yo los dejo porque tengo que llevar a Nahuel al jardín. Si viene Dany avísenle que yo no sé si voy a estar en la próxima, tal vez vuelva a modelar ropa interior. Besos.- Y fue Susana la que ahora abandonó la habitación. Carlos bostezó. -Qué embole, se me hizo tardísimo, tengo que ir al abogado por el tema del divorcio, ¿vos te quedás?- le preguntó a Gabriel. -Si, lo espero a Dany, tengo algunas cosas que hablar con él-respondió. Carlos tomó su bolso y le dio un beso a Gabriel.-Nos vemos en la próxima- y se retiró.
Gabriel se sirvió una copa y se sentó a esperar. La habitación vacía le dio espacio para pensar un rato. Se había propuesto algo. Hablaría con Dany. La última vez que lo había intentado Dany amenazó con dedicarse a la poesía o volver a correr una maratón.  Gabriel estaba un poco cansado de ser el antihéroe de sus novelas. Aparte de pedirle más dinero, necesitaba su promesa de no ponerle nombres tan ridículos como Aureliano.

4/4/11

Asesino de asesinos 24 ( Parte 2 ) FINALLLL

DEBAJO DE ESTA ENTRADA ESTA LA  PRIMERA PARTE
DEL CAPITULO 24 .  

La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo. La voz grave de Aureliano se mezcló con el silbido de la bala que se incrustó en la cabecera de la cama. Sin entender lo que ocurría decidió entrar a la habitación. Vio a la asesina y al mafioso acostados y desnudos en la cama y a un hombre apuntándolos. Lo reconoció de inmediato. Era el mismo que lo golpeó y asesinó a la amiga de la Loba. No tuvo tiempo de pensar, la furia lo dominó por completo y quiso disparar su arma. Tanta impericia y con un arma tan endeble terminó con una grave quemadura en su mano. El hombre sonrió despectivamente y supo que se encontraba frente a un inútil. Volvió a exigirle el dinero a Mariana amenazando con matar a Julián. La escena se ponía cada vez más tensa. Apurado por la situación y para demostrar sus intenciones, volvió a disparar. Mariana ya lo había decidido. Para ella, Julián era culpable de otras cosas, pero no de su ambición. Solo el destino pudo colocarla en el  camino de Julián y cagarle su redención.  En el momento en que la bala salía del revólver ella se cruzó en su camino y cayó fulminada sobre  Julián que quedó azorado abrazando el cuerpo tibio. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo, no importa cual.  Todo se detuvo. Todos miraban el cuerpo inerte de Mariana. El pistolero quedó shockeado por la situación que se le había complicado por esa decisión imprevista de Mariana y se distrajo unos momentos. Fueron los momentos en que Aureliano se sobrepuso a todas sus adversidades físicas y mentales, los momentos en que tomó su arma y disparó por segunda vez. Ahora sí, impactando en la cabeza del pistolero que se derrumbó. Como a Julián se le había derrumbado nuevamente la vida. Aureliano, más consternado que satisfecho, se quedó con la mirada clavada en el cuerpo de Mariana. Julián supo de inmediato qué era lo que se avecinaba. Por eso recuperó su  serenidad y se acercó a él. Le entregó unas llaves luego de hablar tranquilamente un par de minutos.  Logró que Aureliano le entregara el arma y se fuera del lugar entre lágrimas y protestas, deseando volver con su madre y a su trabajo seguro.
Tirado sobre la cama  y con la mano aferrada al revólver estaba Julián  admirado de su templanza ante el inminente suicidio. FIN.

Asesino de asesinos 24 ( Parte 1)

Mariana cerró los ojos y apretó fuertemente la mano de Julián. Un gesto de despedida. Y no cabía interpretarlo de otra forma con aquel tipo apuntándolos en la habitación. Sintió deseos de llorar. Los que nunca tuvo en su vida, ni cuando su padre la molía a golpes, ni cuando sus clientes se abusaban. Siempre fiel a su promesa de no derramar lágrimas ni mostrar debilidad. Pero esta vez sentía que la muerte estaba cerca. Justo cuando todo se había dado vuelta y podía comenzar a respirar la libertad pacientemente acuñada tras cada polvo. No había salida, aún devolviendo el dinero, su suerte estaba sellada. Repasó los hechos. Demasiados muertos. Demasiada culpa. Su mente se posó un instante en Julián a quien su mano seguía aferrada. Otra historia de mierda que se iba enderezando se terminaría esa noche. Estos tipos no dejan testigos. Si solo pudiera lograr que él no caiga... Lloró. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo.
Julián cerró los ojos y sintió la mano de Mariana aferrándolo. Un gesto de despedida. Y no cabía interpretarlo de otra forma con aquel tipo apuntándolos en la habitación. Estaba furioso. Estos meses había tenido una nueva vida. La anterior había sido un desperdicio monótono, sin deseos propios, solo satisfaciendo los de los demás. No entendía bien porqué terminó envuelto en la historia de otros. Ni siquiera le adjudicaban los asesinatos, se los adjudicaban a Mariana. Había sido fiel ejecutor de su rol en el sistema, hasta que el sistema lo expulsó. La frustración lo había llevado al borde del suicidio. Los asesinatos fueron su redención. Quizá había llegado muy lejos. Como si el sistema dejara de vez en cuando alguna imperfección para oxigenarse a sí mismo y una vez hecho esto, suprimía la imperfección. Él era en este juego la imperfección a barrer. Ya estaba jugado, si solo pudiera lograr que ella no caiga. La bala sabe que tiene que buscar un cuerpo..........(continuará)